¿Alguien ha matado a alguien?

El Cernícalo se pregunta cómo una empresa con un reconocido historial de obras públicas en el norte de Gran Canaria terminó en el centro de una investigación judicial sobre uno de los mayores escándalos medioambientales de la historia recie

Por El Cernícalo
Sepronainvestigacioncaso hoya caldereta

"¿Alguien ha matado a alguien?"

La pregunta era de Miguel Gila. Bastaba escucharla para entender que lo importante no era la respuesta. Lo importante era el disparate que venía después.

Y cada vez que uno repasa el caso de Hoya Caldereta no puede evitar acordarse de Gila.

Porque parece que algunos siguen esperando que aparezca un cadáver para concluir que aquí pasó algo grave.

Y no.

Lo que apareció fue un vertedero clausurado.

Lo que apareció fue una investigación judicial.

Lo que apareció fueron denuncias sobre ocupación de terrenos privados, posibles daños medioambientales y una montaña de residuos que nunca debió acabar donde acabó.

Y en medio de todo ello aparece una paradoja difícil de ignorar.

La empresa vinculada a la explotación de la recuperadora estaba dirigida por un empresario, Vicente Rodríguez, cuya trayectoria profesional siempre ha estado asociada a la ejecución de numerosas obras y actuaciones en municipios del norte de Gran Canaria, especialmente en Gáldar.

Y aquí es donde surge la pregunta.

¿Cómo es posible que una empresa con experiencia acreditada y presencia consolidada en otras administraciones termine protagonizando uno de los procedimientos más controvertidos que se recuerdan en Telde?

¿Cómo se llegó hasta aquí?

¿Cómo se pasó de una concesión municipal a una investigación en la que se analizan presuntas irregularidades relacionadas con residuos, terrenos privados y posibles delitos medioambientales?

Porque lo llamativo no es únicamente la actuación de una empresa.

Lo llamativo es el ecosistema completo.

Los técnicos que tenían que vigilar.

Los responsables políticos que tenían que supervisar.

Los organismos que tenían que reaccionar.

Y los años durante los cuales el problema fue creciendo hasta terminar en los juzgados.

Hoya Caldereta no habla solamente de una empresa.

Habla también de una Administración que parece haber ido siempre varios pasos por detrás de los acontecimientos.

Y mientras tanto la factura sigue creciendo.

Porque algún día habrá que responder a la pregunta verdaderamente importante:

¿Quién pagará la restauración de todo aquello?

¿Quién devolverá esos terrenos a una situación parecida a la que tenían antes de que acabaran cubiertos por residuos?

¿Quién asumirá las responsabilidades si la Justicia concluye que existieron actuaciones contrarias a la ley?

Esas son las preguntas que importan.

No los intentos de mirar para otro lado.

Por eso la vieja frase de Gila sigue teniendo vigencia.

Pero quizá haya que actualizarla para los tiempos modernos.

Ya no es:

"¿Alguien ha matado a alguien?"

Ahora sería:

"¿Alguien piensa hacerse responsable de algo?"

Porque el vertedero está cerrado.

La investigación sigue abierta.

Europa ya mira hacia Telde.

Y los ciudadanos continúan esperando respuestas.

El Cernícalo.