Por eso resulta curioso comprobar cómo, cada cierto tiempo, se reconocen trayectorias profesionales indiscutibles mientras pasan desapercibidas personas que han dedicado media vida a defender a los ciudadanos de a pie sin esperar nada a cambio.
Andresito "El Quejica" pertenece a esa extraña categoría.
Desde hace más de veinticinco años lleva haciendo algo tan sencillo como incómodo: preguntar. Preguntar por las calles abandonadas, por las promesas incumplidas, por los expedientes que nadie explica y por los problemas que afectan a los vecinos cuando los focos ya se han apagado.
Muchos pensaron que era solo un personaje de radio.
Se equivocaron.
Porque Andresito nunca ha sido una voz del pasado. Sigue más vivo que nunca. Y precisamente ahora, cuando vuelven a acercarse las elecciones y abundan los discursos, su credibilidad adquiere un valor especial. Entre otras cosas porque el tiempo ha terminado demostrando que muchas de las cuestiones que planteaba eran también las preocupaciones reales de la calle.
Quizá ahí radique su éxito.
No hablaba en nombre de partidos, colectivos ni intereses particulares.
Hablaba en nombre de la gente corriente.
Del vecino que reclama explicaciones.
Del ciudadano que se niega a resignarse.
Del contribuyente que exige cuentas.
Por eso este no es un homenaje a un personaje radiofónico. Es un reconocimiento a alguien que se enfrentó durante años a los poderosos cuando muchos preferían guardar silencio.
Y porque si algo no es de recibo es que quienes se han dejado la piel defendiendo a los demás queden en el olvido mientras los honores acaban, demasiadas veces, en manos de quienes jamás tuvieron que librar esas batallas.
Andresito probablemente nunca reciba una medalla oficial.
Pero hace tiempo que consiguió algo mucho más difícil:
que el pueblo lo escuche, lo respete y, sobre todo, le crea.

¡GRACIAS “CAMARADA”!





