COLUMNA | El manifiesto que nadie firma, pero muchos sienten

Cuando el silencio nace del miedo, la Iglesia tiene la obligación de escuchar

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COLUMNA | El manifiesto que nadie firma, pero muchos sienten

En los últimos días ha empezado a circular por grupos de WhatsApp un texto anónimo, extenso y muy crítico, que algunos atribuyen a sacerdotes o laicos muy cercanos al clero de la Diócesis de Canarias. No está firmado, no tiene sello ni autor reconocible, pero sí tiene algo que lo hace imposible de ignorar: pone palabras a un malestar que, según parece, no es tan aislado como algunos querrían creer.

El manifiesto denuncia que, durante la visita del Papa León XIV, la identidad canaria quedó relegada a un segundo plano mientras se daba protagonismo a invitados de fuera, especialmente andaluces. El autor interpreta esto como un gesto de desconexión con la realidad del Archipiélago y como un síntoma de un estilo de gobierno episcopal que —según afirma— margina al clero local, toma decisiones sin diálogo y se aleja de la sinodalidad que tanto se predica.

Hasta aquí, podríamos pensar que se trata de un desahogo más, de esos que circulan sin firma y sin contexto. Pero entonces llega otro mensaje, esta vez con nombre, aunque acompañado de una petición urgente: “Por favor, no publique mi número. Tengo miedo a represalias.” Lo firma M. C., una persona que fue religiosa consagrada durante muchos años y que, aun habiendo dejado la vida religiosa, sigue profundamente comprometida con su fe y con su Iglesia. “He oído mucho tiempo su programa”, dice. “Quiero mucho a la Iglesia. Preferiría no dar más detalles. No nos conocemos.”

Su testimonio no añade datos nuevos, pero añade algo más importante: credibilidad emocional. Porque cuando alguien que ha dedicado su vida a la Iglesia te dice que tiene miedo, no estamos ante un simple rumor. Estamos ante una herida. Una herida que no se cura silenciando, sino escuchando.

Lo interesante de este manifiesto —y de la reacción de M. C.— no es solo lo que dicen, sino que existan, que circulen, que se compartan, que haya quien los lea y diga: “Esto lo he escuchado yo también”. Y que otros respondan: “Pues yo no lo veo así”. Eso, en sí mismo, revela que la Iglesia canaria vive un momento de tensión interna que merece ser mirado con serenidad, sin miedo y sin triunfalismos.

Porque si algo demuestra este episodio es que la identidad canaria no es un adorno, y que cuando el pueblo siente que se le aparta, responde. A veces con manifiestos sin firma. A veces con mensajes discretos como el de M. C. . Pero responde.

La sinodalidad empieza por ahí: por escuchar incluso lo que incomoda, por reconocer que hay voces que no se sienten acompañadas, y por entender que el silencio no siempre es prudencia; a veces es miedo. Y cuando hay miedo, lo más urgente no es desmentir, sino acoger.

Quizá este manifiesto sea solo un síntoma. O quizá sea la señal de que hace falta un diálogo más honesto dentro de la Diócesis. En cualquier caso, lo que está claro es que la Iglesia canaria merece ser escuchada, no solo representada.

Por Maruca Sin Filtro