Cuando la impaciencia se disfraza de valentía
El comunicado de los 33 en prácticas abre una grieta innecesaria y cuestiona, sin decirlo, a quien ha sostenido este cuerpo durante décadas

Habla alguien que ya ha visto más amaneceres desde un patrulla que muchos de estos chicos han visto turnos completos. Y lo digo sin rodeos: el comunicado de los 33 en prácticas no solo fue precipitado, fue un golpe bajo para quien menos lo merece.
Porque aquí, en la Policía Local de Telde, hemos pasado por épocas en las que no había ni chalecos suficientes, ni plantilla suficiente, ni paciencia suficiente. Y aun así, el jefe superior siempre estuvo ahí. No en los discursos, no en los comunicados, sino en la puerta del cuartel, en los turnos imposibles, en los marrones que nadie quería comerse. Eso no lo cuentan los papeles, pero lo sabemos quienes llevamos años tragando polvo y sacando el trabajo adelante.
Por eso sorprende —y molesta— que un grupo de agentes que aún no ha terminado de aprender dónde están las costuras del uniforme decida saltarse todos los cauces internos para lanzar un mensaje público que, aunque no lo digan, deja en entredicho a quien ha sido el sostén silencioso de esta casa. No es cuestión de política ni de jerarquías: es cuestión de respeto. Y el respeto, cuando se pierde, cuesta recuperarlo.
Las quejas pueden ser legítimas, claro. Nadie niega que haya cosas que mejorar. Pero hay formas. Y cuando uno está empezando, conviene recordar que este oficio no se aprende solo con reglamentos: se aprende mirando a quienes llevan toda una vida manteniendo esto en pie. Si ellos no son el ejemplo, ¿quién lo es?
La ironía es que, en su intento de reclamar atención, han terminado generando ruido donde no hacía falta. Y los veteranos, que ya hemos visto demasiadas tormentas, solo esperamos que esta no termine rompiendo lo único que siempre nos ha salvado: la lealtad interna. Porque sin eso, no hay cuerpo que aguante.
Firmado: “El Guindilla”

