Cuando una web decide hundir la imagen de Telde… y de paso la de quienes la gobiernan
El resultado ha sido inmediato: titulares nacionales que retratan al municipio como un lugar degradado, inseguro y fuera de control. Y, de paso, una sombra que cae sobre quienes gobiernan, porque la percepción pública no distingue entre el

Hay momentos en los que un municipio siente que lo han puesto en el escaparate por las peores razones posibles. Y lo que ha ocurrido estos días con Telde es un ejemplo perfecto de cómo una información mal gestionada, amplificada sin responsabilidad y celebrada como si fuera un trofeo puede causar un daño profundo, no solo a la ciudad, sino también a quienes la administran.
Porque sí: existe un problema de convivencia en el Barranco Real. Nadie lo niega. Pero convertirlo en un espectáculo nacional, presentarlo como si fuera la esencia de Telde y presumir de haberlo llevado a informativos estatales es una irresponsabilidad que ha dejado a la ciudadanía entre la vergüenza y la indignación.
Lo más grave no es que se haya informado. Lo más grave es cómo se ha hecho. Una web local decidió exponer el asunto sin matices, sin contexto y sin medir el impacto, como si la notoriedad fuera más importante que la convivencia, la seguridad o la imagen del municipio. Y lo hizo con orgullo, como si hundir la reputación de Telde fuera un mérito.
El resultado ha sido inmediato: titulares nacionales que retratan al municipio como un lugar degradado, inseguro y fuera de control. Y, de paso, una sombra que cae sobre quienes gobiernan, porque la percepción pública no distingue entre el problema puntual y la gestión global. Cuando una noticia así se dispara a nivel estatal, la lectura es simple: “¿Qué está pasando en Telde y por qué no se controla?”
La ciudadanía está cansada de que su municipio aparezca en los medios solo para lo peor. Cansada de que se utilice el nombre de Telde como moneda de cambio para ganar relevancia digital. Cansada de que se confunda periodismo con exhibicionismo. Cansada de que se aireen problemas reales sin aportar soluciones, sin responsabilidad y sin pensar en las consecuencias.
Telde no es un barranco convertido en zona de riesgo. Telde no es un catálogo de escándalos. Telde no es el caos que algunos parecen empeñados en mostrar. Telde es su gente, sus barrios, su historia, su esfuerzo diario.
Pero cuando alguien decide exponer lo peor del municipio y presumir de ello, el daño no se queda solo en la imagen de la ciudad. También golpea a quienes la rigen, porque proyecta una sensación de abandono, de descontrol y de falta de autoridad que no siempre se corresponde con la realidad.
La vergüenza no es el problema. La vergüenza es que haya quien se enorgullezca de hundir la imagen de Telde… y de paso la de quienes la gobiernan.
