DENUNCIA CIUDADANA/ La Casa de Los Sall no es una tasca municipal

La recuperación de uno de los inmuebles históricos más valiosos de San Francisco nació para difundir cultura, historia y patrimonio. No para convertirlo en escenario de catas y eventos promocionales disfrazados de actividad cultural

Por DENUNCIA CIUDADANA
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Imagen de un actor reciente
Imagen de un actor recienteFoto: Ayuntamiento de Telde

Apenas han pasado unas semanas desde que la Casa de Los Sall reabriera sus puertas como uno de los principales espacios culturales y patrimoniales de Telde. El propio Ayuntamiento anunció que el inmueble estaba destinado a albergar exposiciones, conferencias, encuentros literarios, actividades de divulgación histórica y propuestas vinculadas a la cultura y al patrimonio.

Sin embargo, la realidad parece avanzar por otros caminos.

La primera gran noticia que protagoniza este edificio histórico no gira en torno a una investigación sobre la historia de San Francisco, ni a una exposición permanente sobre el legado de Telde, ni a un ciclo de conferencias sobre patrimonio. No. La noticia es un evento donde se mezclan vinos, sabores, productos gastronómicos y promoción turística.

Que nadie se confunda. Nadie cuestiona la calidad de los vinos de Gran Canaria ni la importancia de nuestros productos locales. Lo que se cuestiona es el uso que se está dando a un inmueble histórico recién recuperado con dinero público y años de esfuerzo institucional.

Porque una cosa es utilizar el patrimonio para divulgar la historia de una ciudad y otra muy distinta convertirlo en un elegante decorado para actos que perfectamente podrían celebrarse en bodegas, restaurantes, hoteles o cualquier otro espacio habilitado para ello.

La Casa de Los Sall no fue rehabilitada para ejercer de vinoteca municipal.

Fue recuperada para convertirse en un referente cultural de San Francisco y de Telde.

Lo más preocupante es que este patrón comienza a repetirse. El patrimonio histórico parece haberse convertido en el escenario favorito de una política que confunde dinamización cultural con organización de eventos. Bajo el paraguas de la palabra "cultura" cabe casi todo: una copa, una degustación, un brindis institucional o cualquier acto promocional acompañado de las fotografías de rigor.

Y mientras esto sucede, llama poderosamente la atención el silencio de quienes deberían alzar la voz en defensa de la autenticidad histórica de estos espacios.

Resulta difícil no echar de menos una posición más firme de Antonio María González Padrón, cronista oficial de Telde durante décadas y una de las personas que más ha contribuido a la defensa, estudio y divulgación del patrimonio histórico del municipio. Su trayectoria le convierte en una de las voces más autorizadas para opinar sobre el destino de inmuebles como la Casa de Los Sall.

Pero si por las razones que sean algunos prefieren guardar silencio, alguien tendrá que denunciar públicamente esta deriva.

Porque el patrimonio histórico no puede convertirse en un decorado al servicio de cualquier iniciativa que necesite una fotografía atractiva para justificar su existencia.

La cultura no consiste en llenar patios históricos de copas y canapés.

La cultura consiste en explicar a las nuevas generaciones quiénes fuimos, cómo vivíamos y por qué estos edificios merecen ser conservados.

Lo verdaderamente inquietante es que aún no se han apagado los ecos de la inauguración oficial de la Casa de Los Sall y ya hay quien parece dispuesto a convertir este símbolo del barrio de San Francisco en un espacio multiusos donde el patrimonio es lo de menos y el evento es lo de más.

Telde lleva décadas perdiendo patrimonio material e identidad histórica. Precisamente por eso, cada edificio recuperado debería tratarse con especial sensibilidad y respeto.

La pregunta resulta inevitable:

¿Se ha recuperado la Casa de Los Sall para difundir el patrimonio de San Francisco o para utilizar el patrimonio de San Francisco como atrezo de eventos institucionales?

Porque la diferencia es enorme.

Y porque cuando la cultura necesita disfrazarse constantemente de espectáculo para justificar su existencia, tal vez ya no estemos hablando de cultura, sino de propaganda.

Luis J. Ramírez