Doce años para decir lo obvio

Actualidad
Doce años para decir lo obvio

Hay decisiones que llegan tarde, otras que llegan muy tarde y luego está lo del Mercado Municipal de Telde: doce años para revocar un acuerdo que nunca se aplicó. Doce años para cerrar una puerta que nadie abrió. Doce años para anunciar, con tono épico, que el Ayuntamiento seguirá gestionando lo que siempre gestionó. Y aun así, se presenta como un logro histórico.

El gobierno local llevará a pleno la revocación del acuerdo de 2012 que planteaba privatizar el Mercado Municipal. Un acuerdo que jamás se ejecutó, que dormía en un cajón y que solo generaba inseguridad jurídica porque nadie se atrevió a tocarlo. Ahora, el alcalde Juan Antonio Peña lo vende como una decisión “clara y jurídicamente sólida”. Lo sólido, en realidad, es el retraso.

Porque si algo demuestra este episodio es que la política municipal vive instalada en la autocomplacencia: convertir en hito lo que debería ser rutina, celebrar como valentía lo que es simple mantenimiento administrativo. El gobierno presume de “gestión directa, pública y municipal”, como si hubiera tenido que enfrentarse a un ejército de privatizadores, cuando la realidad es mucho más simple: no había privatización en marcha, ni proyecto, ni expediente, ni intención real. Solo un acuerdo viejo, olvidado y molesto.

La concejala Carmen Batista ha impulsado el expediente con memorias técnicas, económicas y jurídicas que avalan la gestión directa. Perfecto. Pero la pregunta es otra: ¿por qué ha tardado más de una década en hacerse? ¿Por qué se mantuvo abierta una puerta que nadie quería cruzar? ¿Por qué se permite que un mercado municipal acumule expedientes sin digitalizar desde 1986? ¿Por qué se normaliza que la administración llegue siempre tarde y luego se felicite por llegar?

Mientras tanto, el Mercado sigue esperando. Se anuncian cámaras de frío nuevas, financiadas por el Cabildo, y se habla de reapertura “con garantías”. Pero la ciudadanía lleva años escuchando lo mismo: que ya casi, que falta poco, que ahora sí. Y ahora, además, se nos pide aplaudir porque se ha revocado un acuerdo fantasma.

El gobierno dice que con esta decisión “cierra una etapa de indefinición y dudas”. Ojalá. Pero la indefinición no la creó el acuerdo de 2012: la creó la incapacidad de los sucesivos gobiernos para ordenar, actualizar y gestionar un espacio que debería ser el corazón comercial del municipio.

Revocar un papel olvidado no es un logro. Es un trámite. Lo verdaderamente valioso será ver el Mercado abierto, vivo, ordenado y funcionando. Y eso, por ahora, sigue siendo una promesa.

El Cernícalo