
La Virgen del Pino vuelve a celebrar hoy, 8 de septiembre, su día grande. Y Gran Canaria, una vez más, se detiene. No solo Teror, donde la historia sitúa aquella aparición en el siglo XV tras el derribo del gran pino. También Telde, uno de los municipios más poblados y con mayor arraigo devocional de la isla, vive esta jornada como parte esencial de su identidad colectiva.
En Telde, la Virgen del Pino no es solo patrona insular: es memoria familiar, promesa cumplida, caminata compartida, abrazo silencioso en tiempos difíciles. Cada año, miles de teldenses acuden a Teror o celebran en sus barrios, demostrando que la devoción no se mide en distancia, sino en pertenencia. La romería del día 7 abre el camino festivo; la solemnidad del día 8 lo consagra.
La imagen gótica flamenca, custodiada en su camarín, sigue siendo símbolo de protección para generaciones que han encontrado en ella consuelo, esperanza y unidad. En un tiempo donde todo parece acelerarse, la Virgen del Pino nos recuerda que hay raíces que no se mueven, que hay tradiciones que no envejecen y que hay fe que no se apaga.
Hoy, Gran Canaria mira a Teror.
Pero Telde, como siempre, late muy cerca de la patrona.





