El Palacio del Perro

Sociedad

Lo que iba a ser un palacio, acabó siendo un urinario. Lo que prometía cultura, hoy huele a abandono. Lo que soñaba con óperas, se despierta con ladridos. 

El Palacio de las Artes y la Cultura de Telde, ese mastodonte de hormigón que se alza en Arnao como un monumento al despilfarro, lleva más de dos décadas recordándonos lo que no fuimos capaces de construir: ni arte, ni cultura, ni respeto. Fue presentado como el motor económico de San Gregorio, el corazón palpitante de una ciudad que aspiraba a más. Hoy late con desidia, rodeado de excrementos caninos y promesas rotas.

Todos han prometido algo: rehabilitarlo, reconvertirlo, demolerlo, aprovechar lo que queda. Incluso hubo quien, desde la oposición, juró que consultaría a la ciudadanía si debía tirarse abajo. Hoy gobierna. Y el palacio sigue ahí, afeando el centro de Telde, como un perro viejo que nadie quiere mirar.

El tiempo no perdona, y el abandono institucional tampoco. La estructura, si aún aguanta, lo hace por inercia. Y la credibilidad política, si alguna vez existió, se desmorona como el cemento sin mantenimiento.

Los vecinos ya no preguntan cuándo abrirá. Preguntan cuándo lo limpiarán. Los turistas no lo fotografían. Lo esquivan. Los gestores culturales lo mencionan en voz baja, como quien habla de un familiar que acabó mal.

Y mientras tanto, los perros hacen lo suyo. Porque donde no hay cultura, hay caca. Porque donde no hay gestión, hay abandono. Porque donde no hay vergüenza, hay silencio institucional.

Telde merece más que un palacio fantasma. Merece que alguien se atreva a decirlo. Y aquí estamos.

detelde.es

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