
Hay cosas que en Telde ya son tradición:
las colas en la GC‑1, el viento que te despeina aunque seas calvo, y la capacidad de cierto medio para convertir a Artiles en el responsable universal de todo lo que ocurre entre Jinámar y La Garita.
Si se funde una bombilla: Artiles.
Si un gato se sube a una farola: Artiles.
Si llueve y se va la luz: Artiles.
Si no llueve y también se va la luz: Artiles.
Si un vecino estornuda y se apaga un poste: Artiles.
Pero mira tú por dónde, esta vez una farola se desploma en la GC‑116, una vía insular cuya competencia es del Cabildo de Gran Canaria.
Y de repente, como por arte de magia…
Artiles ya no tiene la culpa.
Qué alivio para él.
Qué misterio para los lectores.
Qué casualidad para el medio.
Porque claro, aquí el responsable no es el Ayuntamiento, sino Antonio Morales, presidente del Cabildo.
Y resulta que este medio —no “los medios de la isla”, no, este en concreto— recibe muchísimo dinero cada año del Cabildo en publicidad institucional.
Muchísimo.
Cifras de cinco ceros por mandato.
Todo público, todo comprobable.
Y claro, cuando quien paga es el Cabildo, la indignación se vuelve tímida.
El tono se suaviza.
La crítica se evapora.
La farola cae, pero la valentía editorial no.
Es fascinante:
cuando el responsable es Artiles, el medio escribe como si estuviera narrando el Apocalipsis.
Cuando el responsable es Morales, escribe como si estuviera redactando un folleto turístico.
Debe de ser que los “miles de lectores” —como ellos mismos repiten— son muy delicados, y no conviene alterarlos cuando el responsable es quien financia buena parte del presupuesto publicitario del medio.
No vaya a ser que se nos caiga otra farola, pero esta vez de ingresos.
Así que sí, queridos lectores:
esta vez Artiles no tiene la culpa.
Y qué casualidad que, justo cuando no la tiene, el medio tampoco tiene ganas de buscarla.
