
Global lleva medio siglo moviendo a Gran Canaria, pero sigue sin moverse a sí misma. En 50 años de historia no ha sido capaz de colocar a una sola mujer en su presidencia, vicepresidencia, dirección general o subdirección. Ni una. Y aun así, cada 8 de marzo se envuelve en campañas de igualdad y mensajes institucionales que suenan muy bien… siempre que nadie mire detrás del cartel.
La realidad es otra: un sector donde las mujeres trabajan, sostienen el servicio y lo hacen con profesionalidad, pero siguen sin acceder a los espacios donde se toman las decisiones. Y eso no es casualidad. Es estructura. Es cultura empresarial. Es techo de cristal.
A esto se suma un 2026 marcado por un convenio firmado por CCOO y ATG junto a la dirección que, según denuncia ALTERNATIVA, supone el mayor recorte de derechos sociales de la historia reciente de la empresa. Un retroceso que golpea especialmente a quienes más necesitan protección: personas enfermas, vulnerables o con cargas familiares. Resulta difícil hablar de igualdad cuando se debilitan precisamente los mecanismos que la hacen posible.
Global quiere proyectar una imagen moderna, pero mantiene inercias viejas. Habla de igualdad, pero no la practica. Celebra el 8M, pero no rompe sus propios muros. Y mientras tanto, las mujeres siguen conduciendo, organizando, manteniendo y sosteniendo el transporte público sin que la empresa les abra las puertas del poder.
La igualdad no es un eslogan. Es una decisión. Y Global, de momento, no la ha tomado.





