
Gran Canaria afronta el fin de semana más intenso de la operación retorno con 1.475 vuelos en cuatro días, casi el 29% de todas las operaciones previstas en Canarias. Un liderazgo claro en tráfico aéreo… pero no en imagen.
Porque mientras los aviones descienden hacia la pista, la primera postal que recibe el visitante es un corredor de abandono:
• Invernaderos hundidos, con plásticos desgarrados.
• Estructuras metálicas oxidadas, visibles desde la ventanilla.
• Solares sin uso, convertidos en vertederos improvisados.
• Restos agrícolas degradados, extendidos a lo largo de la aproximación.
Un paisaje que se repite vuelo tras vuelo y que contradice el discurso promocional de la isla como destino cuidado y de calidad.
Mientras el aeropuerto suma 65 operaciones más que en 2025 y encabeza el crecimiento del Archipiélago, la entrada visual a Gran Canaria sigue siendo la misma: un mosaico de abandono que acompaña al pasajero justo antes de aterrizar.
La isla puede presumir de cifras, pero si la primera impresión es decadencia, el relato turístico se desploma antes de tocar tierra.
