La antigua devoción a San Antonio María Claret revive en la memoria colectiva de la ciudad
Un rito desaparecido que aún late en el recuerdo de los feligreses de San Juan y San Gregorio

Telde recupera estos días un fragmento de su historia religiosa más entrañable: la tradición, hoy desaparecida, de besar las reliquias de San Antonio María Claret cada 24 de octubre, una costumbre que marcó a generaciones de feligreses en los barrios de San Juan y San Gregorio hasta finales de los años sesenta.
Tanto en la Basílica Menor de San Juan Bautista como en la Iglesia de San Gregorio Taumaturgo, se conservan sendos relicarios que guardan pequeñas reliquias del santo misionero catalán, muy venerado en Canarias por su cercanía al pueblo y su intensa labor pastoral. Tras la misa del día del Santo, los fieles formaban una fila que avanzaba en silencio y respeto para besar el relicario, un gesto sencillo que simbolizaba protección, gratitud y confianza.
Vecinos de la época recuerdan aquella escena como “una de las devociones más bonitas y humildes de la ciudad”, un rito que unía a familias enteras y que formaba parte del calendario emocional de Telde. Con el paso del tiempo y los cambios litúrgicos posteriores al Concilio Vaticano II, la práctica fue desapareciendo, aunque los relicarios permanecen como testigos silenciosos de una religiosidad popular que marcó a toda una generación.
Hoy, la recuperación de esta memoria devocional despierta interés entre historiadores locales, colectivos culturales y feligreses que ven en estas tradiciones un patrimonio sentimental que merece ser contado y preservado.





