La foto que no esperaba Carmelo
La foto con Alduán descoloca al nacionalismo clásico y alimenta las sospechas sobre la estrategia del municipalismo, más aún al producirse en un garaje convertido en sede política
En los pasillos del nacionalismo canario hay silencios que pesan más que los discursos. Y el silencio que ha provocado la imagen de Marino Alduán en un acto de Municipalistas Primero Canarias —en un garaje reconvertido en sede política, nada menos— es de esos que hacen levantar cejas en más de un despacho.
Según comentan algunos observadores cercanos al entorno nacionalista, Carmelo Ramírez no habría encajado con demasiada alegría la escena. No por Alduán —figura respetada, histórica, casi académica— sino por el uso simbólico de su presencia. Porque si algo buscaban Teodoro Sosa y Óscar Hernández, según interpretan analistas consultados, era precisamente esa foto: la del referente intelectual del nacionalismo canario bendiciendo, aunque fuera involuntariamente, el relato del nuevo municipalismo.
Y ahí está el detalle que más ruido ha generado:
no fue un gran acto, ni un auditorio, ni un salón institucional. Fue un garaje.
Un espacio pequeño, improvisado, casi clandestino, que convierte la imagen en algo todavía más potente:
el nacionalismo histórico bajando al sótano del municipalismo emergente.
Algunos en Nueva Canarias interpretan —siempre según fuentes políticas que siguen de cerca la situación— que la foto no es inocente. Que el municipalismo necesitaba un símbolo, un rostro que aportara legitimidad ideológica a un proyecto que, hasta ahora, se movía más en la gestión local que en la construcción doctrinal.
Y Alduán, con su trayectoria, su discurso y su autoridad moral, era el trofeo perfecto.
Lo que nadie esperaba era el escenario.
Porque si algo ha molestado, según apuntan voces del entorno nacionalista, no es que Alduán hable de identidad o autogobierno —eso lo ha hecho toda su vida— sino que lo haga bajo un cartel de Primero Canarias, rodeado de alcaldes escindidos, y en un garaje que parece más un taller político que una sede formal.

En El Soplón no afirmamos nada.
Solo recogemos lo que se comenta en los mentideros:
que la foto ha dolido más por lo que insinúa que por lo que muestra.
Y que, en política, a veces un garaje dice más que un Parlamento.
Ahí lo dejamos.
Por ahora.
Foto: Digital Faro Canarias
