La gran estafa silenciosa contra los opositores sanitarios en Canarias
Mientras la sanidad presume de estabilidad, miles de personas —jóvenes, mayores, madres, padres y trabajadores precarios— siguen estudiando para unas oposiciones que ya no les ofrecen un futuro real

Hay una verdad que nadie quiere decir en voz alta: Canarias ha levantado su estabilidad sanitaria sobre la espalda de quienes menos tienen y más se esfuerzan. Y no hablo solo de jóvenes recién salidos de la universidad. Hablo de mujeres y hombres de 40, 50 y 60 años, personas que llevan toda una vida trabajando en precario, cuidando casas, hijos, mayores, y que aun así se sientan a estudiar por las noches para intentar conseguir una plaza que, en la práctica, ya no existe.
Mientras ellos memorizan leyes, repasan temarios imposibles y pagan academias que prometen un futuro mejor, el sistema les responde con una bofetada: la mayoría de plazas ya están adjudicadas sin examen, por méritos, por antigüedad, por un proceso que ha dejado fuera a quienes confiaron en la vía oficial, la vía dura, la vía honesta.
Canarias presume de cifras récord de turismo. Miles de millones entran cada año. Hoteles llenos, aeropuertos saturados, calles abarrotadas. Pero cuando toca invertir en empleo estable, en procesos selectivos limpios, en oportunidades reales para quienes empiezan desde cero, la respuesta es siempre la misma:
“No hay recursos.”
No hay recursos para opositores, pero sí para macroeventos, consultoras, campañas de imagen y todo lo que no toca la vida real de la gente. La sanidad canaria ha estabilizado a miles de interinos —y era necesario—, pero lo ha hecho a costa de sacrificar a quienes llevan años estudiando con la esperanza de entrar por mérito propio.
Los opositores sanitarios no son estudiantes con tiempo libre. Son:
• Mujeres que trabajan limpiando casas y estudian mientras hacen la cena.
• Hombres que encadenan contratos basura y memorizan temas en la guagua.
• Personas que cuidan a sus padres dependientes y repasan legislación a las dos de la mañana.
• Gente que lleva décadas en la precariedad y ve en la oposición la única salida digna.
Y mientras ellos hacen malabares para sobrevivir, el sistema les dice que sigan estudiando, que sigan pagando, que sigan soñando con un futuro que ya está asignado.
La estabilización ha sido un alivio para unos, pero un golpe brutal para otros. Porque el mensaje que envía el sistema es claro:
“Tu esfuerzo vale menos que un contrato temporal de hace diez años.”
Y eso es moralmente inaceptable.
Si Canarias puede mover cielo y tierra para atraer turistas, también puede hacerlo para garantizar que quienes estudian —jóvenes, mayores, madres, padres, cuidadores— tengan una oportunidad justa. La verdadera estabilidad no se mide en plazas adjudicadas, sino en oportunidades reales para todos.
