La moción fantasma y el edificio del rumor

En Telde, los rumores corren más rápido que los presupuestos. Esta semana lo hemos comprobado con la llamada “moción fantasma”: un episodio que nunca llegó al papel, pero que sí se paseó por teléfonos, pasillos y cafés con la naturalidad de quien tantea el terreno antes de mover ficha.

 

Lo curioso no es que la operación no prosperara —eso ya lo sabíamos—, sino que bastó con que alguien levantara el auricular para que el gobierno de Juan Antonio Peña tuviera que mirar de reojo. Porque cuando Ojeda apunta, el eco se multiplica. Y cuando el río suena, en Telde siempre hay alguien que ya está mojado.

La oposición, mientras tanto, juega a dos ritmos: en público niega, en privado tantea. Nueva Canarias y PSOE acusan al gobierno de desviar la atención, pero saben que los movimientos existieron. El PP y CC se apresuraron a cerrar filas, no porque todo estuviera “normal”, sino porque alguien llamó a su puerta. Y esa llamada, aunque no se traduzca en firmas, ya es política en estado puro.

La ciudadanía, por su parte, asiste al espectáculo como si se tratara de una viñeta de 13 Rue del Percebe: cada ventana con su personaje, cada balcón con su intriga, cada azotea con su rumor. Un edificio del poder donde los vecinos comentan: “Esto no es una moción, es una e-moción”.

La conclusión es clara: en Telde no hubo moción de censura, pero sí hubo aviso. La política real no empieza con una firma, empieza con una llamada. Y esas llamadas existieron. El gobierno sale reforzado, pero también advertido. La oposición queda retratada en su doble lenguaje. Y la prensa, como siempre, cumple su papel: señalar que, aunque el muñeco no se levantó, las manos que mueven los hilos siguen ahí.

En este municipio, la estabilidad no se mide por mayorías, sino por la velocidad del rumor. Y esta vez, el rumor fue tan real que ya merece su propia viñeta.

El Faro