La suma que resta

Onalia negocia ir al Cabildo en coalición con el PP sin renunciar a su marca, mientras en Telde competirá por libre bajo “Bueno para Telde”, dejando al PP local en la incómoda posición de aplaudirla arriba y enfrentarla abajo

La suma que resta

La política canaria tiene giros que ni el mejor guionista se atrevería a escribir.

El último: el Partido Popular intentando atraer a Onalia Bueno para su candidatura al Cabildo, mientras la alcaldesa de Mogán mantiene intacto su proyecto político propio, ahora bajo la marca “Bueno para…”, que ya prepara su desembarco en varios municipios, incluida Telde.

Y aquí empieza el ruido.

Porque conviene recordar algo que algunos prefieren olvidar: el auge político de Onalia no nació en el PP, sino cuando se presentó con Ciuca, en un momento en que el Partido Popular agonizaba en Mogán, sin estructura, sin liderazgo y sin pulso electoral.

Fue Ciuca quien la catapultó.

Y mientras eso ocurría, ella estaba bajo la lupa de la Guardia Civil, un episodio que marcó su trayectoria y que todavía hoy genera rechazo en parte del electorado conservador.

Ahora, con su nueva marca —“Bueno para Mogán”, “Bueno para Gran Canaria”, y lo que parece inminente, “Bueno para Telde”—, Onalia no regresa al PP: negocia desde fuera, desde su propio espacio, desde su propio poder territorial.

Y es ahí donde el PP empieza a sudar frío.

Porque si Onalia se presenta en Telde con su marca, le resta votos al mismo partido que la quiere en el Cabildo.

No porque ella quite votos —que también—, sino porque hay votantes del PP que no la quieren ver ni en pintura, ni en Telde ni en ninguna lista que lleve sus siglas cerca.

Y eso, en un partido que intenta crecer, es dinamita pura.

La pregunta que corre por Telde es sencilla y devastadora:

“Si llega ‘Bueno para Telde’, ¿quiénes eran entonces los candidatos del PP?”

Silencio.

Miradas al suelo.

Y un murmullo que se repite en cada esquina:

“Esto no estaba en el guion.”

La operación, vista desde arriba, parece estratégica:

sumar músculo sureño, aprovechar el tirón personalista, proyectar fuerza insular.

Pero vista desde abajo, desde la calle, desde el votante que lleva veinte años votando al PP en Telde, la lectura es otra:

“¿Y ahora me cambian a los nuestros por una marca ajena?”

La política canaria vuelve a demostrar que no tiene enemigos eternos, solo intereses temporales.

Pero también demuestra algo más:

que no toda suma es suma.

Que hay alianzas que restan.

Y que cuando un movimiento nace con medio partido incómodo,

la operación empieza a parecerse demasiado a un boomerang.

Por Juan Grande