Melenara habla ahora: cuando la obra afecta a la fiesta y no a los vecinos

Meses de silencio ante un paseo en obras y, de repente, voces, prisas y nervios cuando peligra el chiringuito, la verbena y el programa festivo. La gestión llega tarde; la preocupación, justo cuando toca sacar la foto

Por DE TELDE
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Ni la Asociación de Vecinos Meclasa ni el Patronato de Fiestas han dicho absolutamente nada durante los meses en los que la concejalía de Viajes y Obras —esa que parece tener más viajes que obras— mantuvo el paseo de Melenara convertido en un circuito de vallas, zanjas y maquinaria. Todo ello, por supuesto, ejecutado en el periodo más brillante del año: pleno verano, cuando la playa recibe más gente que la avenida de San Gregorio en vísperas de rebajas.

Durante ese tiempo, silencio.

Silencio administrativo, silencio vecinal, silencio institucional. Un silencio tan profundo que cualquiera pensaría que las obras eran invisibles o que los vecinos disfrutaban del nuevo deporte municipal: esquivar vallas con chanclas.

Pero ahora, cuando peligra la fiesta, cuando los chiringuitos no saben si montan o no montan, cuando el programa corre riesgo de convertirse en un sudoku y cuando el Patronato confiesa que no sabe “si sí o si no”, ahora sí que habla todo el mundo.

Y hablan con una intensidad que no tuvieron cuando la playa estuvo meses inutilizada para quienes la usan de verdad: los vecinos. La presentación de las fiestas terminó convertida en una rueda de prensa sobre la obra.

El Patronato, emocionado y cansado, reconoce que lleva desde octubre trabajando en un programa ambicioso, buscando financiación, permisos y artistas. Y ahora, a una semana del inicio, no saben ni dónde colocar los chiringuitos porque la obra sigue ahí, como un invitado borracho que nadie sabe cómo echar de la fiesta. El Ayuntamiento, por su parte, admite que “ojalá la obra no hubiese dado tantos impedimentos” y pide disculpas por no haber estado “a la altura”. Una frase que, sin querer, resume la gestión municipal: no prometemos nada, pero tampoco negamos nada; ya veremos cuando llegue el día.

La presidenta del Patronato lo dijo claro:

prefiere un sí o un no antes que vivir en la incertidumbre. Pero en Telde la incertidumbre es política pública:

se gestiona a base de “estamos en ello”, “cuando se pueda” y “hasta que no lo vean, no lo crean”.Porque esa es la clave: Cuando la obra afecta a los vecinos: silencio. Cuando la obra afecta a la fiesta: alarma general. Cuando la playa está cerrada: silencio. Cuando los chiringuitos peligran: ruido.

Es el doble rasero de siempre. La gestión llega tarde, pero la preocupación llega justo cuando toca sacar la foto. Las fiestas seguirán adelante, sí. Habrá pregón, romería, verbenas, arena, música y fuegos artificiales. Pero lo que no habrá —porque nunca lo hay— es una explicación clara de por qué nadie levantó la voz cuando tocaba. La vergüenza no es que ahora hablen.

La vergüenza es que solo hablan cuando peligra la fiesta, no cuando peligra la playa.