Melenara: voces tardías en un mar enfermo
Nací en Melenara, y sé lo que significa vivir con el rumor del mar como telón de fondo. Por eso me indigna leer ahora a comerciantes y vecinos que, tras dos meses de silencio administrativo y un desplome de ventas, se presentan como víctimas de un episodio que nunca quisieron mirar de frente.

Durante años, mientras la playa era la gallina de los huevos de oro, nadie dijo ni “Mú”. Se llenaban las terrazas, se vendían helados a destajo, se cobraban reservas como si el mar fuese eterno y limpio por decreto. Y ahora, cuando la orilla está vacía y las vitrinas rebosan producto sin clientela, descubren que existe un problema.
El silencio institucional es grave, sí. Pero igual de grave es la complicidad pasiva de quienes prefirieron mirar hacia otro lado mientras se hacía negocio. Hoy se lamentan de pérdidas del 70%, pero ayer callaban ante la degradación ambiental, ante la sospecha de vertidos, ante la falta de transparencia.
Y aquí hay que decirlo claro: las jaulas marinas llevan años deteriorando nuestro litoral. Nadie quiso enfrentarse a ellas mientras el negocio fluía. Ni siquiera Meclasa, que debería haber sido punta de lanza en la defensa del mar, levantó la voz a tiempo. Solo reaccionaron después del desastre, cuando la mortandad de peces y el cierre de las playas ya eran imposibles de ocultar. Esa tardanza convierte la denuncia en un gesto más de urgencia que de coherencia.
La contradicción es obscena: La Garita abierta, Melenara y Salinetas cerradas, y nadie explica nada. Los vecinos se dividen entre la resignación y la sospecha, mientras la administración juega al escondite con la verdad.

Lo que está en juego no es solo la economía de unos cuantos negocios, sino la dignidad de un barrio que merece claridad y respeto. Porque Melenara no es un parque temático ni una caja registradora: es un espacio vivo, con memoria y con identidad.
Que no vengan ahora a descubrir la importancia de la playa cuando la gallina está desplumada. La voz que se alza tarde suena a oportunismo. La que se alza siempre, aunque incomode, es la que defiende de verdad a Melenara.
El Faro





