Opinión: Cuando Telde marca la agenda… y el alcalde no se da cuenta
De repente, todos los focos apuntan a Telde. Periódicos impresos, digitales, tertulias radiofónicas, debates televisivos y hasta analistas que rara vez miran más allá de la política autonómica han girado la cabeza hacia nuestro municipio. Y lo hacen con un entusiasmo que sorprende: titulares amables, columnas elogiosas, tertulias que parecen más un homenaje que un análisis.
Lo curioso es que esos mismos medios que nunca dieron voz al actual alcalde cuando estaba en la oposición, ahora se deshacen en alabanzas. Todo son gestos de reconocimiento, todo son palabras bonitas. Pero detrás de tanto halago se esconde un guion distinto: el de quienes, mientras doran la píldora, van preparando la cama.

Y no son solo los medios. También aquellos que hasta ayer se presentaban como sus enemigos políticos han descubierto de pronto un tono conciliador, casi afectuoso. Los mismos que le cerraban puertas ahora le tienden la mano, los que le señalaban con el dedo ahora le sonríen en público. Demasiada dulzura para ser sincera.
Porque lo que empezó como un rumor sobre movimientos para desbancar a Juan Antonio Peña se ha convertido en el tema político más comentado en Canarias. Y en este juego de espejos, la prensa y los adversarios reconvertidos no solo informan: marcan el ritmo, fijan la agenda y, sobre todo, construyen un relato que parece diseñado para que el alcalde se confíe.
Los partidos reaccionan como pueden: comunicados apresurados, silencios calculados, discursos de estabilidad. Pero lo verdaderamente revelador es cómo la maquinaria mediática y política ha decidido convertir a Telde en epicentro del debate. Una atención inusual, casi excesiva, que más que reflejar interés genuino parece preludio de algo mayor.
La política de Telde importa, sí. Importa por su peso demográfico, por su rol territorial y por el tablero de alianzas que se mueve en Gran Canaria. Pero importa, sobre todo, porque aquí se está ensayando una estrategia: primero se eleva al alcalde con titulares dulces y abrazos inesperados, luego se le deja caer cuando la cama ya está hecha.
Mientras tanto, él sonríe ante los elogios, sin reparar en que la misma prensa que hoy lo ensalza y los mismos adversarios que hoy lo acarician son los que mañana pueden dictar sentencia. Y ese es el verdadero dato: cuando los medios y los políticos deciden escribir la agenda, lo hacen con bisturí. La pregunta es si el alcalde lo entiende… o si seguirá creyendo que tanta dulzura es sincera.
Maruca Sin Filtro
