OPINIÓN/ La memoria selectiva de la alcaldesa de Mogán
La pregunta es sencilla: ¿Puede quien dejó a 200 personas vulnerables en la calle erigirse ahora en guardiana de la dignidad?

Hay algo profundamente inquietante en ver a la alcaldesa de Mogán recorrer platós y redacciones para acusar al presidente del Gobierno de “tener más cara que espalda” por acudir al encuentro con el Papa en Arguineguín. No por lo que dice —que cada cual valore sus palabras— sino por lo que omite.
Porque si hablamos de “cara”, conviene recordar un episodio que marcó la crisis migratoria de 2020 y que hoy parece convenientemente borrado del relato oficial de la alcaldesa: los tres autobuses que ella misma fletó para trasladar a 200 migrantes desde el muelle de Arguineguín hasta la Delegación del Gobierno, dejándolos en plena calle, sin recursos, sin comida y sin un plan claro más allá de generar un impacto mediático.
Aquel día, mientras los migrantes acampaban en la acera, fueron los vecinos de Las Palmas quienes acudieron con bolsas de comida. Fueron las ONG quienes improvisaron asistencia. Y fue la propia alcaldesa quien, horas después, reivindicó la maniobra como un “golpe en la mesa”.
Hoy, sin embargo, Onalia Bueno se presenta ante el Papa como defensora de la dignidad humana, como voz moral de la crisis migratoria, como referente ético frente a la supuesta indiferencia del Estado. Pero la memoria —sobre todo la memoria pública— no es tan maleable como algunos creen.
La pregunta es sencilla: ¿Puede quien dejó a 200 personas vulnerables en la calle erigirse ahora en guardiana de la dignidad?
La política tiene derecho a la crítica, incluso a la confrontación. Lo que no tiene es derecho a reescribir la historia para convertir decisiones polémicas en gestas heroicas. Y menos aún cuando se hace a las puertas de un acto religioso que pretende poner el foco en la humanidad, no en la propaganda.
En Arguineguín, la gente recuerda. Y en Canarias, la dignidad no se declama: se practica.
Por Maruca Sin Filtro





