Patrimonio a la carta: la indignación como negocio

En Telde hay quien presume de defender el patrimonio, pero solo cuando le conviene. Cuando el responsable del daño es alguien ajeno a su círculo, entonces sí: entonces aparece el titular grandilocuente, la palabra “atentado”, la indignación teatral y la moral de quita y pon.
Pero cuando el deterioro lo provoca un área amiga, un concejal afín o un departamento del que dependen sus filtraciones y sus ingresos, entonces la cosa cambia. Entonces el patrimonio deja de ser sagrado. Entonces ya no hay atentado. Entonces no hay escándalo. Entonces no hay noticia.
Ese doble rasero no es periodismo. Es propaganda disfrazada de información.
Mientras algunos medios se rasgan las vestiduras por seis taladros, guardan silencio absoluto ante años de agresiones reales al Conjunto Histórico de San Juan:
-
La plaza convertida en parque temático.
-
Carpas, escenarios y estructuras sobre pavimentos protegidos.
-
Ventanas históricas perforadas para colgar pancartas.
-
Eventos ruidosos y masivos sin estudio de impacto.
-
El BIC usado como decorado de verbena.
-
Y un deterioro progresivo que el Cronista Oficial lleva cuatro décadas denunciando.
Todo eso ha ocurrido. Todo eso está documentado. Todo eso ha sido advertido por voces autorizadas. Y, sin embargo, para algunos nunca mereció un titular indignado.
¿Por qué? Porque la indignación no era por el patrimonio. Era por el autor.
Cuando el daño lo hace un área que no les alimenta, lo llaman atentado. Cuando lo hace un área que les financia, lo llaman fiesta. Cuando lo hace un concejal incómodo, lo denuncian. Cuando lo hace un concejal amigo, lo celebran. Cuando lo hace un adversario, es un escándalo. Cuando lo hace un aliado, es una foto bonita.
Ese es el nivel.
El patrimonio histórico de Telde no puede depender del interés económico de nadie. No puede ser un arma arrojadiza un día y un silencio cómplice al siguiente. No puede ser un negocio para unos y una responsabilidad para otros.
La defensa del BIC exige coherencia, valentía y memoria. No titulares por encargo. No escándalos selectivos. No indignación a sueldo.
Porque quien calla ante un daño y grita ante otro no defiende el patrimonio. Defiende su bolsillo.
Maruca Sin Filtro





