El Soplón: Telde en obras… pero solo en Instagram
La ciudad sigue llena de baches, pero en las redes todo va sobre ruedas

Telde vive una paradoja cada vez más evidente: mientras la ciudad parece funcionar en modo avión, el móvil del Alcalde va a 5G. Publica, comenta, reacciona, sube vídeos, baja vídeos y se mueve por las redes con la agilidad de un adolescente con tarifa ilimitada. Pero en la calle, donde no hay filtros ni música de fondo, la película es otra. Los vecinos esquivan baches como si participaran en un rally urbano, los barrancos siguen acumulando vertidos como si fueran vertederos oficiales y las instalaciones públicas cerradas ya podrían pedir pensión por antigüedad.
A todo esto se suma un detalle que ya nadie disimula: cada vez menos gente se cree lo que ve en las redes sociales. La ciudadanía está cansada del postureo, de los vídeos motivacionales y de los mensajes de “estamos trabajando en ello” que nunca se traducen en obras, mantenimiento o soluciones. La confianza se ha desplazado, y no precisamente hacia TikTok o Instagram.
Mientras el Alcalde acumula likes, los vecinos acumulan facturas de amortiguadores. Mientras se graban stories, la ciudad sigue sin asfaltar. Y mientras se presume de cercanía online, la distancia con la realidad del municipio se hace más grande.
En este clima, algo curioso está ocurriendo: los medios tradicionales están recuperando el terreno que nunca perdieron del todo. La radio, esa compañera que jamás dejó de sonar, vuelve a ocupar los primeros puestos de credibilidad. Y no es casualidad: en la radio se escucha al pueblo sin filtros, sin ediciones, sin efectos, sin maquillaje digital. La gente llama, opina, denuncia, se queja, propone… y lo hace con nombres, apellidos y la verdad por delante. La radio no necesita likes para ser útil; necesita rigor, y eso siempre lo ha tenido.
La calle habla sin hashtags y sin efectos especiales. Y lo que dice, alto y claro, es que Telde no quiere más vídeos: quiere resultados. Menos pantalla y más calle. Menos influencer y más gestor. Porque al final, cuando se apaga el móvil, lo único que queda es la ciudad… y la ciudad lleva tiempo pidiendo auxilio.
