Vecinos alertan del descontrol en la instalación de vallas publicitarias en Telde
Las estructuras de gran formato en La Mareta, ubicadas sobre suelo municipal, siguen sin una respuesta política clara pese a las quejas ciudadanas y a los expedientes reconocidos por el Ayuntamiento.

La proliferación de vallas publicitarias en Telde ha pasado de ser un debate estético a convertirse, según denuncian vecinos y colectivos, en un síntoma de descontrol administrativo. Las quejas se centran especialmente en las estructuras de gran tamaño instaladas en el Parque Comercial La Mareta, algunas cercanas a los 40 m², que ocupan suelo público municipal y generan un impacto visual que muchos califican de “inaceptable”.
En un pleno reciente, el Ayuntamiento reconoció la existencia de expedientes abiertos y anunció la elaboración de una ordenanza para regular la publicidad exterior. Sin embargo, parte de la ciudadanía afirma no comprender cómo estas vallas han podido instalarse, mantenerse y multiplicarse sin una actuación política clara y unificada.
La Mareta, el punto más cuestionado
Las denuncias ciudadanas apuntan a La Mareta como el epicentro del problema, al concentrar varias de las vallas más grandes del municipio. Los vecinos plantean preguntas que, aseguran, siguen sin respuesta pública: quién autorizó la ocupación de suelo municipal, qué contraprestación económica recibe el Ayuntamiento —si es que recibe alguna— y por qué no se ha actuado con la misma contundencia que en otros casos de publicidad irregular.
A ello se suma una preocupación creciente: el riesgo de distracción para los conductores. Las vallas de gran formato, situadas en zonas de tráfico intenso, obligan a desviar la atención de la vía debido a su tamaño, luminosidad o contenido cambiante. Según los denunciantes, esta situación incrementa la posibilidad de maniobras bruscas, frenazos inesperados y pérdida de concentración en un entorno ya de por sí saturado.
Las vallas no solo alteran la estética del entorno, sino que —según las quejas— transforman espacios públicos en escaparates privados sin que exista una explicación transparente sobre su legalidad o fiscalización. En una zona de tránsito masivo como La Mareta, el impacto es especialmente visible: deterioro de la imagen urbana, interrupción de la visibilidad, dudas sobre seguridad y mantenimiento, y ahora también preocupación por la distracción al volante.
Los vecinos insisten en que no piden soluciones inmediatas, sino transparencia, coherencia y una gestión igualitaria del espacio público. Y, sobre todo, explicaciones sobre por qué las vallas gigantes de La Mareta continúan en pie sin una actuación administrativa visible.
