Telde limpia… y algunos ensucian más rápido: el incivismo que devora los recursos públicos
Vertidos incontrolados por todo el municipio obligan a redoblar esfuerzos mientras una minoría irresponsable convierte cada esquina en un vertedero improvisado. El coste lo paga el contribuyente

La escena captada este domingo en la primera fase de Jinámar no es una excepción: es el reflejo de un problema que se extiende por todo el municipio de Telde. Montones de escombros, enseres abandonados y restos de obras aparecen una y otra vez en puntos donde, horas antes, el servicio municipal de limpieza había dejado la zona completamente despejada.
Desde la jefatura de operaciones del servicio lo resumen con frustración contenida: “Limpiamos, recogemos, ordenamos… y a las pocas horas vuelve a estar igual. Nadie ve nada: ni vecinos, ni policía. Necesitamos colaboración vecinal para frenar estas barbaridades.”
El mensaje es claro. No se trata de un fallo del servicio, ni de dejadez municipal, ni de falta de planificación. Se trata de incivismo puro y duro, repetido en Jinámar, en Caserones, en Marpequeña, en La Herradura, en Lomo Catela y en tantos otros barrios donde los operarios trabajan sin descanso para mantener el entorno en condiciones dignas.
Mientras tanto, algunos prefieren el atajo fácil: cargar el coche, buscar un rincón apartado y descargar escombros como si el espacio público fuera un vertedero privado. Una práctica que, además de ilegal, cuesta miles de euros a las arcas municipales, porque obliga a desviar personal, maquinaria y horas de trabajo que deberían destinarse a la limpieza ordinaria del municipio.
Y luego, claro, llegará el relato de siempre: “Eso lleva ahí una semana”, “el servicio no funciona”, “Telde está abandonado”. Un discurso cómodo que ignora la realidad: el Ayuntamiento limpia; lo que no limpia es la irresponsabilidad de quienes ensucian.
La concejalía insiste en que la solución pasa por la colaboración ciudadana: avisar, denunciar, señalar a quienes convierten el municipio en un vertedero itinerante. Porque sin esa implicación, el esfuerzo de los trabajadores se convierte en un ciclo interminable de limpiar para volver a empezar.
Telde no merece esta imagen. Y mucho menos merece que el coste de la irresponsabilidad de unos pocos lo paguen todos.
