Telde presume de millones, pero no de obras. Superávit en las cuentas, déficit en las aceras
Telde presume de solvencia. El Pleno exhibe auditorías, porcentajes y remanentes como si fueran medallas olímpicas: ahorro neto del 31,6%, endeudamiento cero, superávit histórico de 59 millones. Un cuadro perfecto para colgar en la pared del despacho.

Pero basta salir a la calle para que el marco se agriete. El polideportivo Paco Artiles sigue cerrado, el complejo de La Barranquera convertido en un lujo inaccesible, el Mercado Municipal clausurado, los quioscos de las Ramblas apagados, los aparcamientos de San Gregorio sin estrenar. Y los barrios, con aceras que nunca existieron, llevan años esperando algo más que fiestas y presentaciones.
No todo es culpa del gobierno actual, cierto. Las herencias pesan. Pero si se presume de superávit, toca demostrarlo en obras, en servicios, en dignidad cotidiana. Porque la economía saneada no se mide en auditorías, sino en la posibilidad de que una familia pueda ir al polideportivo sin hipotecarse, de que un vecino pueda comprar en su mercado, de que un barrio tenga aceras por las que caminar.
El Ayuntamiento habla de confianza financiera. La ciudadanía espera confianza en la vida diaria. Entre los números y las calles hay un abismo que no se tapa con discursos. El verdadero indicador de salud municipal no está en el Fondo Canario de Financiación, sino en la capacidad de abrir lo que lleva años cerrado.
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