Telde presume en FITUR mientras su patrimonio se cae a pedazos

La delegación de Telde ha vuelto a FITUR 2026 con el mismo entusiasmo institucional de cada enero, esta vez proclamándose “referente del turismo auténtico y sostenible”. Un lema impecable para Madrid, pero completamente desconectado del municipio real que queda al otro lado del Atlántico. Porque mientras se habla de calidad, sostenibilidad y experiencias genuinas, Telde sigue sin estar en condiciones de recibir ni a un grupo escolar, mucho menos a ese visitante de “alto valor” que tanto se invoca en los discursos.
El responsable político de esta estrategia, Juan Francisco Martel Santana, concejal de Cultura, Turismo y Servicios, vuelve a apostar por el escaparate antes que por la casa. Y la casa —el municipio— está en ruinas: patrimonio histórico sin mantenimiento, yacimientos cerrados o abandonados, rutas turísticas inexistentes, señalética mínima, barrios históricos que acumulan grietas, humedad y fachadas apuntaladas. La “ciudad atlántica” que se vende en IFEMA no coincide con la que pisan los vecinos cada día.
Aun así, Telde acude a FITUR como si la realidad no importara. Se habla de digitalización, de gestión inteligente de playas, de gastronomía de kilómetro cero, de nómadas digitales. Pero en el territorio no existe un plan turístico operativo, ni una red de espacios visitables, ni un modelo de movilidad, ni una estrategia de conservación del casco histórico. No hay producto, pero sí hay feria.
La pregunta es inevitable: ¿qué sentido tiene invertir dinero público en promocionar un destino que no está preparado para ser destino? ¿Qué retorno puede tener FITUR cuando el municipio no ofrece ni lo básico para sostener la imagen que se vende? La respuesta, año tras año, es la misma: ninguna. Porque FITUR se ha convertido en un ritual político, no en una herramienta de desarrollo.
Telde no necesita más stands, más fotos ni más discursos. Necesita restauración, planificación, gestión y respeto por su patrimonio. Hasta que eso no ocurra, cada viaje a FITUR será solo una huida hacia adelante, una forma de maquillar con marketing lo que no se ha querido arreglar con trabajo. Y mientras tanto, el municipio seguirá consolidándose, sí… pero como ejemplo de cómo no se construye un destino turístico.
Maruca Sin Filtro
