Telde y el precio del abandono: dos años pagando incendios que nadie evita
El coste de la desprotección: miles de euros quemados y una vigilancia que no aparece

En Telde ya hemos normalizado lo que jamás debería normalizarse: ver cómo arden contenedores, mobiliario urbano y espacios públicos sin que nadie dé una explicación convincente ni asuma responsabilidades claras. Lo ocurrido anoche —otros 10.000 euros literalmente convertidos en ceniza— no es un episodio aislado. Es la continuación de una tendencia que se repite desde hace dos años, o al menos desde el inicio del actual mandato municipal, según señalan numerosos vecinos.
La pregunta que sobrevuela las calles no es solo quién provoca estos incendios, sino por qué la ciudad parece cada vez más sola cuando cae la noche. La sensación de ausencia de vigilancia es constante. Muchos residentes afirman que rara vez ven patrullas de la Policía Local en los momentos en los que más falta hacen, y esa percepción alimenta un clima de descontrol que termina pagando siempre la misma parte: la ciudadanía.
Cada contenedor quemado no es solo un acto incívico. Es un gasto directo que sale del bolsillo de todos. Es dinero que podría destinarse a mejorar barrios, reforzar servicios o atender necesidades sociales urgentes. En cambio, se esfuma en humo y cenizas mientras la ciudad intenta recomponerse una y otra vez.
Vecinos y comerciantes coinciden en algo: la sensación de abandono duele más que el propio incendio. Porque cuando un problema se repite durante tanto tiempo, deja de ser un incidente y se convierte en un síntoma. Y ese síntoma apunta a una falta de control, de prevención y de presencia institucional que la ciudadanía percibe con claridad.
Telde no puede permitirse seguir pagando esta factura. No solo por el coste económico, sino por el desgaste emocional y la pérdida de confianza en que las cosas pueden gestionarse de otra manera. La ciudad merece respuestas, planificación y presencia real en las calles. Y, sobre todo, merece que se deje de asumir como inevitable lo que no debería serlo.
Al final, quienes pagan estos incendios no son quienes los provocan. Somos los ciudadanos. Siempre los ciudadanos.
