Vetar al alcalde de Telde es un insulto a la ciudad y a sus 105.000 vecinos

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Lo que ha hecho Gustavo Larrazábal, presidente de la compañía de jaulas marinas es un auténtico despropósito. Vetar al alcalde de Telde y a su equipo técnico en plena crisis ambiental no es solo una falta de respeto personal, es un ataque directo a la institucionalidad de un municipio que maneja más de 100 millones de euros de presupuesto anual y representa a más de 105.000 habitantes. Aquí no hablamos de un capricho, hablamos de la primera autoridad local, la voz de toda una ciudad, a la que se le niega el acceso a unas instalaciones que están en el centro de un desastre público.

Gustavo Larrazábal, presidente de la compañía que ha vetado al alcalde

El alcalde no va a esas jaulas como un curioso ni como un invitado incómodo. Va porque es su deber, porque la ciudadanía exige respuestas y porque la transparencia no es negociable. Que una empresa privada se arrogue el derecho de decidir quién entra y quién no, en un episodio que afecta a la salud pública y al litoral, es un gesto de soberbia que debería tener consecuencias inmediatas.

Más grave aún es la contradicción: durante años, la misma compañía pidió ayuda al Ayuntamiento, recurrió a la unidad de drones municipales y se benefició de su colaboración. Ahora, cuando las imágenes no les favorecen, resulta que esa misma unidad ya no es válida. Esa incoherencia no solo erosiona la confianza, sino que alimenta la sospecha de que se quiere ocultar lo evidente.

El alcalde Juan Antonio Peña debe actuar con firmeza. No basta con lamentar el veto ni con pedir reuniones que nunca llegan. Este episodio exige medidas contundentes, porque lo que está en juego no es su orgullo personal, sino el respeto a la institución que representa y la defensa de la ciudadanía. Si una empresa privada se cree por encima de la primera autoridad del municipio, entonces es el momento de recordarles que en Telde manda el interés público, no los intereses particulares.

La crisis del litoral no admite medias tintas. Vetar al alcalde es vetar a Telde. Y eso, señores, es un insulto que no se puede tolerar.

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