EDITORIAL | Cuando la ignorancia pretende firmar decretos

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EDITORIAL | Cuando la ignorancia pretende firmar decretos

Hay momentos en los que la política local se convierte en un teatro menor, un escenario donde algunos personajes confunden la defensa del interés público con la necesidad de llamar la atención. La reciente cruzada de una concejala de Vox Telde contra los fuegos artificiales es un ejemplo perfecto de ese fenómeno: un alegato improvisado que pretende prohibir lo que ni siquiera se ha tomado la molestia de comprender.

Los fuegos artificiales no son un capricho moderno ni una moda ruidosa que surgió para incomodar a nadie. Son una tradición milenaria, con más de dos mil años de historia, nacida en China cuando el estallido del bambú en el fuego se utilizaba para ahuyentar malos espíritus, según explican diversas fuentes históricas consultadas en la web. Más tarde, alquimistas chinos mezclaron azufre, carbón y salitre, creando la pólvora primitiva que daría origen a los primeros artificios pirotécnicos. Desde allí, la tradición viajó a Europa a través de rutas comerciales como la que recorrió Marco Polo, y desde entonces ha acompañado celebraciones religiosas, culturales y comunitarias en todo el mundo.

Que una representante pública desconozca este recorrido no es sorprendente. Lo preocupante es que, desde ese desconocimiento, pretenda imponer prohibiciones inmediatas, absolutas y sin matices. Convertir una tradición universal en un enemigo político es una forma de oportunismo que se disfraza de sensibilidad, pero que en realidad revela una visión simplista de la convivencia. Nadie niega que existan colectivos sensibles al ruido, ni que sea necesario regular, planificar y adaptar. Pero confundir regulación con prohibición es una muestra clara de que el debate no se ha pensado, solo se ha utilizado.

La pirotecnia ha evolucionado durante siglos. Hoy existen alternativas silenciosas, espectáculos lumínicos y soluciones intermedias que permiten celebrar sin excluir. Lo que no existe es la necesidad de borrar de un decreto una tradición que forma parte de la identidad de miles de comunidades, incluida la nuestra. La convivencia no se construye desde el veto, sino desde el equilibrio.

Resulta especialmente llamativo que, mientras en otros territorios Vox se envuelve en la defensa de las tradiciones, en Telde se haya optado por demonizar una de las expresiones festivas más antiguas de la humanidad. La historia está ahí, accesible para cualquiera que quiera leerla. Lo que no puede hacer es leer por quienes prefieren convertir su desconocimiento en bandera.

EDITORIAL / DE TELDE

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