El turismo que Telde desprecia y otros aprovechan: millones perdidos mientras los visitantes llegan solos

Un vecino de Valsequillo ha convertido una plantación de aloe vera en una experiencia turística y comercial. Mientras, Telde sigue sin ofrecer ni los servicios básicos a los visitantes que llegan por su cuenta

Por DE TELDE
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Cada día llegan miles de turistas a Gran Canaria buscando algo más que sol y playa. Muchos quieren descubrir pueblos, historia, gastronomía, tradiciones y experiencias auténticas. Sin embargo, cuando algunos de esos visitantes terminan en Telde, la sensación es que han llegado a un municipio que, sencillamente, no sabe qué hacer con ellos.

Mientras un empresario de Valsequillo ha encontrado en el aloe vera una oportunidad para enseñar, vender y generar actividad económica, Telde sigue dejando escapar un mercado turístico que lleva décadas llamando a su puerta. Desconocemos si toda la actividad que se desarrolla en torno a esa explotación cumple o no con la normativa aplicable. Eso deberán determinarlo, en su caso, las administraciones competentes. Pero la cuestión de fondo es otra.

La verdadera pregunta es cuánto dinero ha perdido Telde durante años por la falta de visión de sucesivos gobiernos municipales y de los responsables de Turismo que han pasado por el Ayuntamiento sin ser capaces de convertir el municipio en una parada obligatoria para quienes visitan Gran Canaria.

Porque los turistas llegan. Lo hacen por iniciativa propia. Se pierden por las calles de San Juan, visitan la Basílica, preguntan dónde comer, dónde comprar un recuerdo o dónde encontrar un simple aseo público. Y es ahí donde aparece la cruda realidad: ni siquiera existe un baño público digno en pleno casco histórico para atender a quienes llegan hasta la ciudad.

Da la impresión de que el mensaje es claro: los turistas son bienvenidos... siempre que no molesten.

Resulta paradójico que Telde presuma de patrimonio histórico, de costa, de gastronomía y de uno de los conjuntos urbanos más importantes de Canarias, mientras continúa sin contar con una estrategia seria para recibir visitantes. Porque atraer turistas está muy bien, pero alguien tendrá que atenderlos cuando lleguen.

Si el Ayuntamiento no los trae, malo. Pero si algún día consigue traerlos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién los va a recibir?, ¿quién los va a informar?, ¿quién les va a ofrecer servicios?, ¿quién les va a explicar qué ver, dónde comer o dónde comprar?

Durante años se ha hablado de proyectos, planes y estrategias. Sin embargo, la realidad sigue siendo la misma. Los turistas llegan solos. Los negocios privados hacen lo que pueden. Y Telde continúa perdiendo oportunidades económicas que otros municipios, con menos recursos y menos patrimonio, sí han sabido aprovechar.

Quizás el problema nunca fue la falta de turistas. Quizás el problema es que, desde hace demasiado tiempo, nadie parece haber querido ocuparse de ellos. Y eso sí que tiene un coste millonario para la ciudad.

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