Las tribulaciones de un chino en Canarias
La historia satírica de un hijo de inmigrante que asciende socialmente, cae en desgracia y acaba buscando refugio en el Sáhara

Un inmigrante chino llegó a Canarias tras años de pesca en aguas saharianas. Se instaló en Tagore, donde empezó como obrero en un ingenio azucarero y terminó convirtiéndose en propietario de una conocida fábrica de ron. Tras décadas centrado en el negocio, decidió formar una familia y tuvo un hijo, Pipito, cuya educación avanzó con dificultades y con la ayuda interesada de algunos profesores.
El joven, incapaz de seguir el ritmo académico, acabó en formación profesional y más tarde trabajó como delineante. Su carácter impulsivo y su incapacidad para aceptar críticas lo llevaron al paro. En esa etapa viajó por primera vez a los campamentos saharauis de Tinduf, donde nació su simpatía por la causa del Frente Polisario.
Con los años, y gracias a contactos políticos heredados de su padre, obtuvo un puesto auxiliar en la Universidad de Las Palmas. Allí se convirtió en una figura conocida por su temperamento, su defensa del Sáhara y su afición al hachís, que utilizaba para calmar su ansiedad.
El reconocimiento del Gobierno español, en 2025, de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental lo sumió en una profunda frustración. Su pareja, una cubana con la que convivía desde hacía años, intentó calmarlo mientras su salud empeoraba y su peso aumentaba.
La situación estalló cuando el Ayuntamiento de Tagore ejecutó una orden de demolición contra una obra ilegal en su vivienda de la playa del Torpe. La escena terminó con Pipito llorando desconsolado y denunciando sentirse traicionado por la ciudad, la universidad y sus propios compañeros políticos.
Convencido de que en Canarias nunca lo habían aceptado, decidió marcharse. Su pareja lo animó a empezar de cero lejos de la isla. En enero de 2026, ambos abandonaron Canarias rumbo al Sáhara, donde él esperaba ser recibido como un defensor histórico de la causa saharaui.
Por Carmina Reverte /Escritora
