AlaMelo: el podcast que cobra como si fuera famoso, pero no lo oye ni el técnico

El programa donde la audiencia es tan exclusiva que solo lo escuchan quien habla, quien graba y quien edita

Por Maruca Sin Filtro
OPINION

En los papeles se llama de otra manera, pero aquí no vamos a usar ese nombre. Bastante propaganda gratuita han ordeñado ya. Lo justo es llamarlo AdemalA: el nombre original al revés… igual que su lógica, su ética y su concepto de “programa”. Todo al revés.

Porque a lo que le vamos a llamar de ahora en adelante, porque queda mucho mejor, AlaMelo. Esto no es un podcast, ni una tertulia, ni un espacio de debate. AlaMelo es una máquina tragaperras con micrófonos, un invento cutre donde la audiencia real cabe en un ascensor: • quien habla • quien graba • y quien edita (si ese día no está persiguiendo facturas como si fueran Pokémons)

Minerva, que solo quería conversar un rato, tuvo que pagar más que un candidato estrenando campaña para poder sentarse frente al micrófono. Y todo para participar en un “programa” que no escucha absolutamente nadie fuera del estudio. Ni vecinos, ni lectores, ni suscriptores… ni siquiera el algoritmo, que ya tiene suficiente dignidad como para no tragarse eso.

La joya de la semana fue la foto publicada en su “periódico amigo” —que es como decir la misma empresa con otro disfraz barato— donde aparecía Esmeralda Cabrera, de Vox, sentada en el estudio.

La explicación oficial: “Está aquí para ver cómo se hace el programa.”

La traducción al idioma real: “No tenía dinero para que la entrevistaran.”

Y se nota. Se nota en la postura, en la sonrisa forzada, en el micrófono que no se atreve a tocar, y en ese aire de “estoy aquí porque esto, al menos, es gratis”. Gratis y triste.

Porque AlaMelo no es un podcast: es una estrategia de autofinanciación con banda sonora, un invento tan peculiar que debería tener su propio epígrafe en los presupuestos municipales: “Recaudación creativa con apariencia de contenido”.

Y detrás de todo esto, como siempre, el vendedor de nichos, ese encantador de serpientes que convierte cada tertulia en una misa de autofinanciación. Un tirano de manual, convencido de que el poder no está en convencer, sino en cobrar por intentarlo.

Así que si algún día te invitan a AlaMelo, no te preocupes: Aquí no hay publicidad, no hay promoción, no hay difusión. Solo un lugar donde el silencio cuesta dinero…

y la sátira, por suerte, sigue siendo gratis.

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