Cuando el Cabildo mira al Sáhara y la pobreza infantil de Gran Canaria sigue esperando
El Cabildo de Gran Canaria acaba de aprobar 1.250.000 euros para financiar servicios públicos en los campamentos saharauis: sanidad, educación, apoyo técnico, estructura administrativa
Una ayuda millonaria, nominativa, directa, ejecutada entre 2025 y 2026, y con una particularidad que no pasa desapercibida: se permitirá justificar parte del gasto con simples recibos, no con facturas, debido a las condiciones del territorio.
Todo esto está recogido en una resolución oficial firmada el 6 de abril de 2026. Todo perfectamente legal. Todo perfectamente tramitado. Todo perfectamente publicitado.
Y mientras tanto, aquí, en Gran Canaria, entre 40.000 y 45.000 niños viven en pobreza. Niños de esta isla. Niños de nuestros barrios. Niños que no tienen detrás una subvención nominativa de 1,25 millones. Niños que no reciben ruedas de prensa. Niños que no tienen un consejero posando en sus calles para anunciar ayudas.
La pregunta que muchos ciudadanos se hacen —y que se escucha cada vez más fuerte— es simple: ¿cómo puede ser que el Cabildo tenga más reflejos, más recursos y más visibilidad para atender a menores a 2.000 kilómetros que a los miles de menores que viven en pobreza aquí mismo, en Gran Canaria?
No se discute la solidaridad internacional. No se cuestiona la necesidad de apoyar a pueblos que viven situaciones extremas. Pero sí se señala un contraste evidente:
cuando se trata del Sáhara, hay rapidez, hay dinero, hay estructura, hay flexibilidad administrativa, hay prioridad.

Porque aquí, en esta isla, hay familias que esperan meses por ayudas básicas. Hay menores que dependen del comedor escolar para comer caliente. Hay barrios enteros donde la pobreza es estructural, crónica, heredada. Y aun así, no existe un plan insular de 1,25 millones para ellos.
La resolución del Cabildo habla de “garantizar la continuidad de servicios esenciales”. ¿Y quién garantiza la continuidad de los servicios esenciales para los niños de Gran Canaria? ¿Quién garantiza su alimentación, su educación, su salud mental, su estabilidad? ¿Quién garantiza que no sigan creciendo en desigualdad?
La ciudadanía lo ve claro: la prioridad institucional está fuera, no dentro.
Y eso duele. Duele porque aquí también hay emergencia. Duele porque aquí también hay necesidad. Duele porque aquí también hay niños que merecen algo mejor.
La solidaridad es un valor. Pero la coherencia también. Y una isla con decenas de miles de menores en pobreza no puede permitirse el lujo de mirar hacia otro lado mientras destina millones a otros territorios.
Gran Canaria necesita que la prioridad vuelva a ser Gran Canaria. Y, sobre todo, que la infancia de esta isla deje de ser invisible.
Por Maruca Sin Filtro
Imagen Portada/ CADENA SER




