Cuando el periodismo se convierte en buzón (y el buzón se financia con dinero público)

La repetición de denuncias sin contrastar, el silencio institucional y una ciudadanía cada vez más cansada de un modelo informativo que genera alarma pero no aporta rigor

OPINION
Cuando el periodismo se convierte en buzón (y el buzón se financia con dinero público)

Hay prácticas que, repetidas el tiempo suficiente, dejan de parecer errores y empiezan a parecer costumbre. Y en Telde ya conocemos una de ellas: la publicación de denuncias ciudadanas sin contrastar, sin verificar y sin el mínimo ejercicio de responsabilidad editorial. Lo que antes era una excepción, hoy es casi un género propio.

El último ejemplo lo vimos esta semana, cuando un medio local decidió publicar la queja de una madre sobre un incidente en una guagua de Global. Una historia con carga emocional, sí. Una historia que merece atención, también. Pero una historia con lagunas evidentes, que cualquier periodista con oficio habría detectado antes de darle forma de noticia.

Porque no hablamos de un malentendido menor. Hablamos de un trayecto de más de tres kilómetros entre Lomo Cementerio y Piletillas. Hablamos de una menor que, según el relato, no avisó al conductor en todo ese tiempo. Hablamos de otro pasajero en la misma situación. Y hablamos de un conductor que supuestamente les pidió volver a pasar la tarjeta.

¿Es posible? Sí.
¿Es verosímil tal como está contado? No del todo.
¿Requiere contraste? Por supuesto.

Sin embargo, el medio optó por lo fácil: publicar la versión de la madre sin una sola llamada a la empresa, sin pedir datos objetivos, sin consultar el registro del timbre, sin revisar cámaras, sin preguntar por el protocolo de menores. Nada.

Y después, como ya es habitual, colocó al final la famosa “Nota de Redacción”, ese salvavidas editorial que pretende convertir una falta de rigor en un acto de transparencia:

“Este medio actúa exclusivamente como canal de difusión de la queja ciudadana…”

Traducido al lenguaje llano:
“Publicamos lo que nos mandan, pero si está mal, no es cosa nuestra.”

No.
Eso no es periodismo.
Eso es un tablón de anuncios con cabecera de periódico.

Del timbre de la guagua al pitbull del barrio: el patrón ya es evidente

Apenas unos días después, el mismo medio volvió a publicar otra denuncia ciudadana: un ataque de un perro a otro en un barrio de Telde. Un suceso lamentable, sin duda. Pero presentado de nuevo como relato unilateral, sin contraste, sin datos oficiales, sin versión de la otra parte, sin informe veterinario, sin intervención policial confirmada.

Otra vez lo mismo:
un testimonio emocional convertido en noticia, sin verificación, sin contexto y sin responsabilidad editorial.

Y aquí surge la pregunta que muchos vecinos se hacen:
¿De verdad este es el tipo de información que necesita Telde?
¿No hay problemas más relevantes que estas piezas de sucesos convertidas en contenido fácil para generar clics y alarma?

A todo esto se suma un elemento que no puede ignorarse:
el Ayuntamiento destina cada año miles y miles de euros a este medio, convertido en uno de los principales receptores de publicidad institucional.

Y mientras tanto, la institución responsable de velar por la calidad democrática, la transparencia y la información pública permanece en silencio, como si nada ocurriera.
Para muchos vecinos, esa actitud se interpreta como una forma de desentenderse, o incluso de burlarse de la situación, porque el mensaje implícito parece ser:

“Si el contenido es pobre, si no se contrasta, si genera alarma… da igual. Se sigue pagando.”

No se trata de señalar a nadie en concreto.
Se trata de recordar algo básico:
la independencia informativa no solo se proclama, se demuestra.
Y cuando un medio vive en gran parte de fondos institucionales, su responsabilidad es aún mayor, no menor.

Un medio de comunicación no puede ser “solo un canal”.
Un medio decide qué publica, cómo lo publica y con qué nivel de verificación.
Y cuando una historia afecta a una menor, a un servicio público o a la convivencia en un barrio, la obligación profesional es doble: rigor y contraste.

Un medio que publica sin contrastar no informa: propaga versiones.
Un medio que se escuda en una nota para justificarlo no es transparente: es imprudente.
Y un medio que convierte denuncias aisladas en contenido recurrente no está informando: está alimentando la alarma y el morbo.

La ciudadanía tiene derecho a denunciar.
Pero los medios tienen el deber de verificar.
Si no lo hacen, dejan de ser un servicio público para convertirse en un simple altavoz de quejas, sin contexto, sin equilibrio y sin garantías.

El periodismo no es reenviar mensajes.
El periodismo es preguntar, contrastar y, cuando hace falta, incomodar.
Lo demás es ruido.

 

Por El Faro

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