El enemigo perfecto

Hay quien parece haber encontrado en un concejal de Telde la explicación universal a todos los males del municipio

Por Maruca Sin Filtro
OPINION
El enemigo perfecto

Dicen que cuando uno encuentra a su enemigo perfecto deja de necesitar explicaciones. Para algunos, todo resulta mucho más sencillo. Si una acera se rompe, ya saben quién tiene la culpa. Si una farola se apaga, también. Si llueve demasiado, si hace demasiado calor o si aparece un bache en cualquier rincón del municipio, la respuesta parece venir ya escrita de casa.

Resulta llamativo observar cómo determinados espacios informativos han desarrollado una habilidad casi sobrenatural para localizar siempre al mismo responsable. Una especie de brújula política que, independientemente del problema que surja, acaba señalando en la misma dirección.

La teoría es sencilla: cuando se dispone de un culpable fijo, el trabajo de análisis se vuelve infinitamente más cómodo. No hacen falta matices, tampoco contexto. Mucho menos distinguir entre competencias, áreas de gobierno o decisiones colegiadas. Todo queda reducido a una única diana.

Mientras tanto, en la calle, los vecinos observan. Y escuchan. Porque en Telde, como suele decirse, las paredes tienen oídos y la memoria colectiva funciona mejor de lo que muchos creen. La gente toma nota. De lo que se publica, de lo que se calla y, sobre todo, de la insistencia con que algunos convierten determinadas batallas personales en aparentes causas de interés general.

Quizás por eso comienza a surgir una pregunta incómoda. ¿Estamos ante una labor de fiscalización legítima o ante una fijación que ha terminado por sustituir a la información?

El tiempo suele responder a esas cuestiones mejor que cualquier editorial. Y cuando eso ocurre, no siempre queda en una situación cómoda quien durante años presumió de una autoridad moral que luego la realidad se encargó de poner a prueba.

Porque al final, en una ciudad donde casi todos terminan conociéndose, lo verdaderamente difícil no es señalar. Lo verdaderamente difícil es mantener intacta la credibilidad mientras se señala.

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