Escaño, tambor… y cafetería ilegal
Quien pontifica sobre ética mientras desayuna con condenados por corrupción
Hay quien escribe columnas como si fuera el guardián moral de la política canaria, repartiendo diagnósticos, advertencias y profecías sobre Teodoro Sosa, Óscar Hernández y cualquiera que pase por delante de su teclado. Pero claro, para pontificar con tanta soltura hace falta una cosa: coherencia. Y ahí es donde el articulista tropieza, se cae y rueda cuesta abajo como una carretilla sin frenos.
Porque, vamos a ver:
¿De verdad es él quien va a explicarle al mundo cómo se mueve Sosa en Madrid, cómo se reconfigura Gran Canaria o quién queda “destartalado” en Bravo Murillo… cuando hace apenas unos meses se le vio sentado tan campante en una cafetería ilegal con Aureliano, el exalcalde condenado por corrupción política?
Sí, sí, el mismo Aureliano.
El de los titulares.
El de los juzgados.
El de las sentencias.
El de “yo no fui, fue el sistema”.

Y allí estaba el articulista, café en mano, como si estuviera asesorando al Dalai Lama.
Luego vuelve a su columna, se ajusta las gafas y escribe sobre ética, estrategia, regeneración y “modelos de isla”.
Hombre… modelo de isla no sé, pero modelo de cafetería ilegal sí que maneja.
Es curioso:
Habla de Sosa como si fuera un titán que mueve fichas en Madrid, pero él mueve fichas en terrazas sin licencia.
Habla de Hernández como si fuera un beneficiado del sistema, pero él se beneficia de cafés que no pasan por caja.
Habla de Morales como si fuera un símbolo del pasado, pero él se reúne con el pasado más oscuro de Telde.
Y luego pretende dar lecciones.
Lecciones.
En serio.
Si el articulista quiere tocar el tambor, que lo toque.
Pero que no se olvide de que la percusión suena distinta cuando quien la toca tiene las manos manchadas de reuniones que no puede explicar.
Porque una cosa es escribir sobre política.
Y otra muy distinta es creerse árbitro moral mientras uno desayuna con la hemeroteca judicial.




