Gran Canaria bajo el agua… y un Cabildo bajo sospecha
Chira–Soria: el megaproyecto que la naturaleza acaba de ridiculizar

Las lluvias de la borrasca Therese han puesto a Gran Canaria en jaque: barrancos desbordados, carreteras hundidas, pueblos incomunicados y presas rebosando después de años casi vacías.
Pero más allá del temporal, lo que realmente ha quedado al descubierto es la fragilidad de una gestión pública que presume de músculo económico mientras demuestra una alarmante falta de previsión.
Porque no hablamos de una institución pobre o sin recursos.
Hablamos de un Cabildo que maneja más de 1.000 millones de euros anuales, el presupuesto más alto de su historia.
Y aun así, cuando llueve durante una semana, la isla colapsa y se pide ayuda urgente a la UME.
Un presupuesto millonario… pero infraestructuras de papel
Con semejante capacidad económica, resulta incomprensible que Gran Canaria siga teniendo:
• barrancos sin encauzar,
• carreteras que se desmoronan con la primera crecida,
• núcleos aislados durante días,
• y presas gestionadas con criterios del siglo pasado.
La pregunta es inevitable:
¿En qué se está gastando realmente el dinero?
Porque mientras la isla sufre, millones se destinan a proyectos de solidaridad internacional dirigidos por Carmelo Ramírez, cuya trazabilidad y eficacia generan dudas incluso dentro del propio electorado progresista.
No se trata de cuestionar la cooperación, sino de preguntarse por qué Gran Canaria parece tener fondos para todo menos para lo que afecta directamente a sus ciudadanos.
Chira–Soria: el megaproyecto que la naturaleza acaba de ridiculizar
Y aquí entra en escena uno de los símbolos más polémicos del mandato de Antonio Morales: el proyecto Chira–Soria.
Un plan multimillonario para bombear agua del mar hacia las presas, perforar túneles y construir infraestructuras gigantescas con el argumento de garantizar almacenamiento y estabilidad energética.
Pero entonces llega la borrasca Therese y ocurre lo impensable:
Las presas se llenan solas. Y no solo se llenan: rebosan.
La naturaleza, en cuestión de días, ha hecho lo que el Cabildo pretende hacer con maquinaria, turbinas y un presupuesto descomunal.
Es como si el propio territorio hubiera dicho:
“No hace falta que me metas agua del mar; cuando llueve, yo cumplo.”
Esto no invalida la necesidad de infraestructuras energéticas, pero sí deja en evidencia una contradicción monumental:
• Se invierten cientos de millones en traer agua del mar,
• mientras se descuida la gestión del agua que cae del cielo,
• y se ignoran los problemas reales que sufre la isla cada vez que llueve fuerte.
La emergencia no es solo meteorológica: es de gestión
El Cabildo insiste en que no hay riesgo estructural en las presas, pero sí reconoce que los cauces están saturados y que la situación es crítica.
Y ante ese escenario, la respuesta institucional es activar el nivel 2 y pedir ayuda militar.
¿De verdad una isla con más de mil millones de presupuesto necesita recurrir a la UME porque llueve una semana?
La imagen es demoledora:
• Una administración que presume de solvencia, pero improvisa ante cada temporal.
• Un Cabildo que exige confianza, pero no ofrece transparencia.
• Un gobierno insular que invierte en grandes titulares, pero descuida lo esencial.
La tormenta solo ha revelado lo que ya estaba ahí
La borrasca Therese no ha creado el problema: simplemente lo ha hecho visible.
Gran Canaria no está desbordada por la lluvia, sino por años de prioridades equivocadas, inversiones discutibles y una gestión que parece más preocupada por la propaganda que por la prevención.
La naturaleza ha hablado.
Y lo que ha dicho es claro:
cuando quiere, llena las presas… y también rebosa la paciencia de la ciudadanía.
Por Maruca Sin Filtro




