La Cofradía del Auto Judicial: Crónica satírica de la vieja tradición de los "progresistas" en Telde

Cada vez que "Nueva Canarias" pierde la Alcaldía, en Telde se abre un expediente y se enciende una vela

Por El Barquero
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La Cofradía del Auto Judicial: Crónica satírica de la vieja tradición de los "progresistas" en Telde

La política en Telde tiene sus estaciones, sus mareas y sus liturgias. Y entre todas ellas, hay una que nunca falla: la judicialización post-derrota de Nueva Canarias, una tradición tan arraigada que ya debería tener declaración de Bien de Interés Cultural.

Porque mientras otros partidos, cuando pierden, se reúnen, reflexionan o cambian de estrategia, aquí ocurre algo mucho más pintoresco: se abre un caso judicial. Es como el repique de campanas: suena siempre en el mismo momento y con la misma intención.

La historia es conocida por cualquier vecino que haya sobrevivido a más de dos ciclos electorales. Primero fue el Caso de las Recetas, aquel episodio que inauguró la era de los autos como herramienta política. Luego llegó el Caso Faycán, la superproducción, la saga completa, el “esto no lo supera ni Hollywood”. Y ahora, tras volver a perder la Alcaldía, aparece el Caso Aquanaria, con lubinas presuntamente muertas, playas cerradas, informes reservados y la personación estratégica del secretario político de NC, que entra en escena a través de una asociación vecinal como quien se cuela en una fiesta con invitación prestada.

Las elecciones serán en mayo de 2027, pero en Telde la precampaña empieza siempre un año antes. Aquí nadie espera a que el Cabildo ponga las banderolas: los partidos arrancan antes que los carnavales. Y en ese clima, ¿qué mejor que un caso judicial fresquito? Nada moviliza más que un buen expediente, un informe técnico y un titular con la palabra “Fiscalía”.

El manual es sencillo: se activa una asociación, se habla de “los vecinos”, se promete transparencia, se pide acceso al procedimiento… y, mágicamente, el partido queda fuera del foco pero dentro del caso. Es una maniobra tan fina que debería estudiarse en las facultades de Ciencias Políticas: la personación sin personarse.

Mientras tanto, los vecinos siguen esperando que se aclaren las lubinas, las responsabilidades y las intenciones. Pero en Telde ya lo tenemos claro: cuando NC pierde, no hay silencio. Hay autos, diligencias y personaciones.

Es tradición. Es cultura. Es Telde.

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