OPINIÓN/ Telde y el cuatripartito: tres años y cuatro meses después, el espejo no miente
Un balance ciudadano que separa los avances de los naufragios y adelanta un voto en blanco como protesta democrática

Tres años y cuatro meses han pasado desde que Ciuca, PP, CC y Más por Telde asumieron el gobierno municipal con la promesa de “desbloquear Telde”. Un tiempo más que suficiente para que cualquier administración deje una estela clara, ya sea de avances, dudas, silencios o compromisos que se quedaron en el papel. Y también tiempo suficiente para que la ciudadanía ejerza su derecho —y casi obligación— de evaluar con rigor qué se ha hecho y qué no.
El pacto llegó con un mensaje rotundo: mejorar infraestructuras, impulsar la economía local, atender a los barrios, modernizar la administración y reforzar la cultura y el patrimonio. Un mapa de buenas intenciones que hoy merece ser revisado sin estridencias, pero sin paños calientes.
Es justo reconocer que algunas áreas han mostrado movimiento. Ha habido actuaciones puntuales en barrios, pequeñas obras de mantenimiento y cierta estabilidad institucional en un municipio históricamente complejo. La agenda cultural ha mantenido actividad, aunque con episodios de exclusión hacia autores locales críticos que han dejado un sabor amargo. Son avances reales, pero discretos. Y para muchos vecinos —entre los que me incluyo— no han tenido la profundidad necesaria para considerarlos transformadores.
Tras más de tres años de mandato, persisten cuestiones que continúan sin solución clara: infraestructuras de gran escala que no han pasado del papel; una modernización administrativa aún atrapada en el “talibanismo funcionarial” heredado; una planificación urbana sin hoja de ruta definida; y una atención social estructural que necesita continuidad real y no solo discursos. La ciudadanía no exige milagros, pero sí coherencia entre lo prometido y lo ejecutado, y una comunicación transparente sobre lo que no se podrá cumplir.
El mandato no ha terminado. Aún queda tiempo para cerrar proyectos, acelerar compromisos y explicar con claridad qué no llegará a puerto. La política municipal no es una carrera de velocidad, pero tampoco puede ser una espera indefinida. Telde merece saber qué rumbo se ha seguido y cuál se seguirá.
Lo digo sin rodeos: me he sentido traicionado por Ciuca, desilusionado por el PP y decepcionado por el resto del pacto. Reconozco aciertos, pero los fracasos han sido mayores y más evidentes. No cuestiono la voluntad de los líderes, pero sí la talla demostrada. Como viejo lobo de mar, recuerdo que “el que ha naufragado, teme aún a la mar calmada” y que “quien siembra vientos, recoge tempestades”. Por eso, en las próximas elecciones municipales en Telde, mi voto será en blanco. No por abstención —que rechazo— sino por conciencia democrática.
Votar es un deber sagrado. Y lo cumpliré. Pero no entregaré mi confianza a quienes ya demostraron que no supieron mantener el rumbo. Adelanto que publicaré un nuevo artículo a comienzos de 2027 y otro durante la campaña electoral, cuando las cartas estén sobre la mesa. Porque en Telde, y por desgracia, los virajes oportunistas de última hora son casi tradición.




