OPINIÓN/ Urbanismo: demasiadas preguntas y muy pocas respuestas
Si hubiera que resumir la gestión de Urbanismo en Telde durante este mandato en una sola palabra, muchos vecinos elegirían una: silencio

Mientras barrios enteros esperan respuestas, mientras familias siguen atrapadas en problemas urbanísticos históricos y mientras surgen nuevas polémicas sobre movimientos de tierra, contenedores y actuaciones en distintos puntos del municipio, la sensación que percibe buena parte de la ciudadanía es la de una Concejalía ausente.
El concejal de Urbanismo, Juan Francisco Jiménez, tiene competencias sobre una de las áreas más sensibles del Ayuntamiento. No se trata solo de planos, licencias o expedientes. Se trata de ordenar la ciudad, vigilar el territorio y transmitir confianza a los ciudadanos cuando aparecen dudas sobre lo que ocurre en el municipio. Y precisamente ahí es donde muchos consideran que se está produciendo el gran fracaso.
Porque lo que exaspera a los vecinos no es únicamente lo que pueda estar ocurriendo en determinadas parcelas. Lo que realmente indigna es la falta de explicaciones. Cada nueva fotografía que aparece, cada denuncia vecinal y cada actuación que genera interrogantes viene acompañada siempre de la misma pregunta: ¿dónde está Urbanismo?
En las últimas semanas, las imágenes difundidas desde Las Huesas han provocado un intenso debate ciudadano. No corresponde a esta columna determinar si existe o no alguna irregularidad. Eso tendrán que establecerlo, en su caso, los técnicos y los organismos competentes. Lo que sí corresponde preguntarse es cómo una actuación visible desde hace tiempo ha logrado convertirse en tema de conversación de medio municipio antes de que llegue una explicación oficial.
El problema político no es solo lo que haya ocurrido. El problema político es la percepción de que nadie vigila, nadie informa y nadie responde.
Mientras tanto, el reloj electoral sigue avanzando hacia 2027. Y en política existe una regla inmutable: cuando un responsable público deja que sean los rumores los que ocupen el espacio de las explicaciones, acaba perdiendo el control del relato.
Quizás aún estén a tiempo de reaccionar. Pero la paciencia vecinal no es infinita. Y cada día que pasa sin respuestas convierte una polémica urbanística en un problema político mucho mayor.



