Reivindicación en honor a Benito Pérez Galdós
Gran Canaria guarda silencio ante el nacimiento de su mayor genio literario mientras el legado de Galdós se apaga entre el olvido institucional
En el calendario cultural de España, el 10 de mayo debería ser un día de celebración profunda. Es la fecha en que nació, en la calle Cano nº 6 de Las Palmas de Gran Canaria, Benito Pérez Galdós, uno de los más grandes novelistas de la literatura universal. Como recoge el texto original: “Su llegada al mundo en 1843 marcó el inicio de una vida dedicada a iluminar, con lucidez y humanidad, el alma de un país entero.”
Galdós fue —y sigue siendo— el máximo exponente del Realismo español, un creador cuya obra monumental lo sitúa al nivel de Dickens, Balzac o Tolstói. Con sus Episodios Nacionales, sus novelas inmortales y su teatro, retrató la España real, la de la calle, la de la gente común, con una sensibilidad que aún hoy conmueve y enseña.
No es un escritor más: es el autor que elevó la novela española a una dimensión universal. El retratista más lúcido de la España del XIX. El arquitecto de personajes que siguen vivos en la memoria colectiva. El mayor novelista del mundo después de Cervantes.
El silencio que duele
Y, sin embargo, en su tierra natal, Gran Canaria, su figura parece relegada a un rincón de olvido administrativo. Como señala el documento: “Una placa en la calle Cano. Un museo que sobrevive más por voluntad que por apoyo. Alguna referencia ocasional en discursos institucionales y poco más.”
A día de hoy, no consta ni un solo acto conmemorativo oficial por su nacimiento. Ni el Cabildo de Gran Canaria, ni el Ayuntamiento de Las Palmas, ni —lo más incomprensible— el Gobierno de Canarias han estado a la altura de quien llevó el nombre de estas islas más lejos que nadie en la historia de la literatura.
Es un silencio que pesa. Un olvido que avergüenza. Una ausencia que contrasta con la grandeza del homenajeado.
Porque Galdós no es solo un escritor universal: es nuestro escritor universal. El hijo más ilustre de las islas. El canario que dio voz a millones de vidas y que elevó la literatura española a una dimensión nueva.
Honrarlo no es un gesto protocolario: es reconocer la grandeza cultural de Canarias.

La paradoja de Telde
En mi ciudad de Telde se da una paradoja que avergüenza. En el lugar más prominente del parque urbano de San Juan se erige una estatua de casi dos metros y medio dedicada a Ernesto Che Guevara, mientras que, a pocos metros, el busto de Galdós —de apenas 45 x 30 centímetros— pasa desapercibido sobre un pedestal de piedra.
El documento lo expresa con claridad: “El Ayuntamiento colocó sobre un pedestal de piedra un ridículo, por el tamaño, del reconocido mundialmente novelista junto a Cervantes.”
A ello se suma un hecho aún más doloroso: el 9 de octubre, aniversario de la muerte del Che, un grupo de simpatizantes depositó flores rojas en su honor. Sin embargo, el 10 de mayo, nadie se acercó a limpiar el busto de Don Benito, que amaneció —y así permaneció hasta que yo mismo lo limpié— con “una gran y diarreica cagada de tórtola moruna”.
No es solo una falta de respeto hacia Galdós: es una falta de respeto hacia nosotros mismos.
A los responsables públicos
A los actuales ediles de Telde —y especialmente al señor alcalde y a los partidos que conforman la corporación municipal— les recuerdo que siempre he hablado y escrito “con la libertad de los condenados”, como hacía el propio Don Benito.
Mi voto, a mis 74 años, está decidido. Y no será para quienes han demostrado tan poco respeto por nuestra cultura, nuestra historia y nuestra identidad.
Un deber patriótico y moral
Recordar a Don Benito Pérez Galdós no es un gesto cultural: es un deber patriótico y moral.
Gran Canaria debe honrarlo como se merece. Y el Gobierno de España debería solicitar, a título póstumo, el reconocimiento del Premio Nobel de Literatura. No con silencios, sino con actos. No con excusas, sino con compromiso. No con olvido, sino con memoria viva.
Porque mientras su obra siga latiendo, mientras sus personajes sigan caminando entre nosotros, mientras su mirada siga iluminando lo humano, Galdós seguirá siendo eterno. Y es responsabilidad de su patria estar a la altura de esa eternidad.
Poema en su honor
A continuación, el poema íntegro tal como aparece en el documento:

“A BENITO PÉREZ GALDÓS”
Naciste un 10 de mayo de 1843 en la calle Cano, junto al rumor del mar, cuando Las Palmas aun despertaba.
De aquel niño rubito que, miraba al mundo con ojos de asombro, brotó una sonrisa de tinta futura,
Un arquitecto de la literatura, un faro grancanario palmeño, que iluminaba la verdad humana.
Sin estridencias, sin máscara y, solo con la hondura de quien escucha, los latidos secretos de su tiempo.
Galdós, maestro de lo real y lo eterno, tú diste luz a los que nunca la tuvimos.
Retrataste un país entero con la precisión de un pintor y la exquisita ternura de un paisano.
Hoy celebro tu vida, como quien celebra un amanecer, porque tu obra viva, inmensa, necesaria, sigue anidando en el interior de mi alma,
susurrándome que la literatura es un acto de justicia, un puente de plata entre corazones, un espejo donde reconocernos todos.
¡Grande Don Benito!
Por Julio César González Padrón Marino Mercante y escritor




