Telde exige la verdad un año después de la contaminación de sus playas
Artículo remitido a la Redacción por Don Julio César González Padrón, marino mercante y escritor

Desde el día uno de este mes, me encuentro en mi casa de Las Salinetas y, cada mañana, al salir a la terraza y mirar al mar, lo primero que veo son esas jaulas marinas que tanto dieron que hablar durante la contaminación de toda la costa de Telde el pasado año. Y lo triste es que, a día de hoy, seguimos sin conocer la verdad de lo que sucedió.
Ha pasado casi un año desde que varias playas del municipio —Las Salinetas, Melenara, Taliarte y La Garita— se vieron obligadas a cerrar por un episodio de contaminación marina tan grave como inaceptable en pleno siglo XXI. Un año entero de preguntas sin respuestas, de versiones contradictorias, de acusaciones cruzadas entre administraciones y de un silencio institucional que huele peor que el propio vertido. Mientras tanto, la ciudadanía continúa esperando algo tan básico como la verdad.
El 12 de julio de 2025, el Ayuntamiento de Telde anunció el cierre inmediato de las playas tras detectarse niveles anómalos de contaminación fecal. Los análisis de la Dirección General de Salud Pública confirmaron la presencia de enterococos intestinales y E. coli muy por encima de los límites permitidos por el Real Decreto 1341/2007. El 18 de julio, por ejemplo, el análisis en Melenara registró “1.700 UFC/100 ml de enterococos, cuando el límite legal es de 200”. Estos datos no son opiniones: son hechos medidos, firmados y archivados. Y, sin embargo, un año después, seguimos sin saber de dónde procedía el vertido.
Las administraciones hicieron lo que mejor saben hacer cuando hay problemas: señalarse unas a otras. El Ayuntamiento apuntó a un posible fallo en la red de saneamiento. El Cabildo respondió que sus infraestructuras funcionaban correctamente. El Gobierno de Canarias pidió prudencia. Y mientras —como digo en el artículo— “los elefantes se peleaban entre sí, quien sufría era la hierba”. La empresa de las jaulas marinas negó cualquier relación, aunque informes oceanográficos del Cabildo ya advertían en 2022 que las corrientes podían transportar residuos hacia la costa.
Desde agosto de 2023, la ciudadanía espera un informe técnico definitivo, una comparecencia pública conjunta, la publicación completa de los análisis y un plan de prevención para evitar nuevos episodios. Nada de eso ha ocurrido. En febrero, abril y mayo de 2024, las administraciones repitieron lo mismo con distintas palabras: “la investigación sigue abierta”, “no existen evidencias concluyentes”, “no se puede atribuir el origen a una sola fuente”. Un año después, todo sigue igual.
Y yo me pregunto: ¿por qué tanto miedo a la verdad? Cuando un episodio afecta a la salud pública, al turismo, a la economía local y al ecosistema marino, la transparencia no es una opción: es una obligación. Pero en Telde hemos visto retrasos injustificados, informes parciales, declaraciones contradictorias y una ausencia total de responsables. La sensación ciudadana es evidente: “¿es que alguien quiere que esto se olvide?”
Pero Telde no va a olvidar. Porque este municipio vive de cara al mar, y el mar es identidad, economía, cultura, salud y orgullo. Lo ocurrido en 2023 no puede quedar enterrado bajo trámites administrativos ni silencios interesados. No puede convertirse en otro caso donde la impunidad se impone al interés público.
La ciudadanía de Telde tiene derecho a saber qué falló, quién falló, por qué falló y qué se hará para que no vuelva a ocurrir. Y tenemos derecho a que se depuren responsabilidades, caiga quien caiga. El mar ya está limpio, pero las heridas siguen abiertas. Y seguirán abiertas mientras no haya claridad, justicia y responsabilidad.
Porque la verdad siempre sale a flote. Y en Telde —y se lo digo como lo diría un maúro de Los Llanos de San Gregorio— ya es hora de que aflore, carajo.
Fdo.: Julio César González Padrón Marino Mercante y escritor




